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Una (i)lógica (des)ilusión


Foto: @LUISENRIQUE21

No queda casi nada para que arranque este Celta 2013/2014. A priori, ante un rival asequible y que trae buenos recuerdos como el Espanyol y en Balaídos. Visto desde  fuera, lo lógico sería que hubiese muchísima ilusión por ver el proyecto que lidera Luis Enrique. Un técnico de relumbrón con el que se da continuación a una política de cantera que fue determinante para evitar primero el descenso a Segunda B, luego para lograr el ascenso y finalmente para conseguir la permanencia. De los futbolistas que continúan en las categorías inferiores más de uno ha dado muestras de una calidad y un futuro tan esperanzadores que casi asustan. En una pretemporada en la que muchos han tenido su oportunidad. A priori, los años venideros prometen muchas alegrías en Vigo. Sin embargo, como de costumbre, de momento las alegrías no son tales. Y dentro del celtismo se está fraguando una suerte de guerra civil alrededor de la figura de su entrenador con Túñez como chispa detonante. ¿Cómo puede ser que desde que a principios de junio Luis Enrique fichase por el Celta hasta ahora haya cambiado tanto el panorama?

Por un lado, se sitúan los más críticos. Los que comenzaron a alzar la voz cuando llegaron los cantos de sirena desde Barcelona y el asturiano no varió su política de no conceder declaraciones para rechazar públicamente la supuesta oferta. Los que mantuvieron las quejas tras la mala imagen dada en pretemporada. Y los que acabaron de explotar tras confirmarse, a falta de una semana para comenzar la liga, que un jugador tan querido como Túñez no estaba en sus planes. Un central que se ha tenido que ganar la titularidad tantas veces. Un referente de la cantera. Casi se podría decir que un símbolo. A ellos se les unen los que creen que Toni como lateral no va a funcionar. Los que opinan que David Rodríguez no es un futbolista válido para Primera. Los que consideran que hacen falta 3-4 fichajes importantes que vengan a ser titulares para poder conseguir la permanencia. Y dudan de que vayan a llegar.

En el otro lado del cuadrilátero están los que apoyan al asturiano. Los que confían en  el estilo de juego que está intentando implantar. Los que comprenden que el técnico está utilizando la pretemporada para probar muchos sistemas, y por eso los resultados no importan. Los que ven en esos tramos en los que el Celta domina y crea peligro un ejemplo de lo que va a suceder con el paso del tiempo. Los que ven en la reconversión de Toni un premio a su esfuerzo y un ejemplo para el resto. Los que confían en la calidad de Rafinha, el desborde de Nolito y los goles de Charles. Los que ven a los canteranos más que capacitados para echar una mano cuando haga falta. Los que, en definitiva, ven en Luis Enrique un técnico capacitado e implicado y que cuaja a la perfección con el proyecto que se intenta instaurar desde la directiva.

¿Es esta la realidad actual del Celta? ¿Una afición dividida en torno a la figura de su entrenador? Se podría pensar que sí. Pero todavía no. Mejor dicho, espero que todavía no. Espero que lo que he escrito más arriba tan solo sea una exageración producida por un exceso de imaginación por mi parte. Espero que sin que hayamos jugado el primer partido oficial no hayamos decidido todos si este año queremos o no al técnico. Si este año tocan silbidos o aplausos. Porque si es así, está claro que no hemos aprendido nada. Personalmente, claro que hay cosas que no me gustan del asturiano. Y bastantes. Otras, sí. Pero pretender clavar su cabeza en una estaca en lo alto de Plaza América sin haber debutado en liga es, cuanto menos, sorprendente. Y triste. Muy triste.

En junio estaba todo el mundo híper ilusionado. Ahora parece que cada uno vive en un extremo. Ni tanto, ni tan poco. Faltan refuerzos, pero llegarán. El Celta acaba de cumplir 90 años de historia. Por él han pasado cientos de jugadores y decenas de entrenadores. Pero el club prevalece. Y eso es lo importante. No sé exactamente qué habrá pasado con Túñez ni soy quien para juzgarlo, aunque tenga una opinión al respecto como todo el mundo. Lo que tengo claro es que ni soy de Túñez, ni de Oubiña, ni de Mallo ni de Augusto ni de Luis Enrique. Soy del Celta. Y como celtista, creo que lo importante es apoyar al equipo, sin olvidar que la crítica a veces es necesaria. Da igual quien juegue, quien entrene o quien dirija. Insisto. Si hay que criticar al entrenador porque el equipo juega mal y es necesario cambiar algo, se le critica. Entiendo que hay momentos de la temporada en los que el aficionado debe expresar su malestar con el rumbo del club. Pero de momento, ni siquiera hemos empezado la liga. Paciencia. Porque si antes de comenzar ya hemos cruzado al técnico, malo. Si a estas alturas ya no lo tragamos, se avecina un año muy duro.
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El ciclo viciado de David Rodríguez


Fotógrafo: Óscar Vázquez
David Rodríguez no se rinde. El talaverano se ha convertido, como ha afirmado en más de una ocasión, en un celtista más. Y como tal, quiere hacer lo que esté en sus manos para ayudar a su equipo. Le da igual ese cartel que le cuelgan muchos de ser un gran jugador de Segunda, pero poco válido para Primera División. Desde que llegó, ha suscitado un sinfín de debates en la grada. Hubo gente que le acusó de errar demasiadas ocasiones, mientras que el otro bando defendía las oportunidades que lograba generar. Delantero de rachas, en las épocas de vacas gordas jugaba sobrado. Pero cuando las cosas se torcían, parecía obsesionarse en exceso con el gol, lo que no le beneficiaba. A ello hay que sumarle el hecho de que no era un buen suplente. No dudó en quejarse públicamente cuando los minutos que jugaba eran menores de los que se consideraba merecedor.

Cuentan los asiduos en A Madroa que estos días está enrachado. Que las mete todas, y que todo el mundo está sorprendido con su gran rendimiento. No sé que tiene pensado hacer Luis Enrique, pero creo que debería valorar muy seriamente su pasado en el club. En el fútbol actual, en ocasiones nos olvidamos de que los futbolistas son, ante todo, personas. Hay que valorar algo más que sus cualidades como jugador. Estoy seguro de que a David le encantaría continuar en el Celta y triunfar en Vigo. Pero, ¿será capaz de sobreponerse a su pasado? Hablamos de un delantero que dentro del celtismo tiene muchos detractores que le acusan de fallón. No empieza de cero, como si lo hacen el resto de los refuerzos. Conocemos muy bien a David Rodríguez, y hay mucha gente que lo tiene cruzado. Y eso influye mucho. El talaverano no se puede permitir el lujo de empezar algo flojo.

Si Charles, por poner un ejemplo, durante las primeras jornadas no lo hace bien, se le puede perdonar. Si es David quien arranca mal, no se le perdonará. No tiene margen de maniobra. Y eso también hay que valorarlo. Es complicado triunfar sin el apoyo y el cariño de tus seguidores. Hay que estar hecho de una pasta especial. Pasta de la que no parece estar hecho David. No sé si el talaverano tiene nivel para triunfar en la liga BBVA. Pero estoy convencido de que si lo hace no será en el Celta. Bajo mi punto de vista, la relación que tiene con el celtismo está demasiado viciada.  Y esa me parece una losa demasiado grande para triunfar en Vigo. Mucho mayor que cualquier defecto que pueda tener como futbolista. Porque, como dijo Marcelo Bielsa hace unos años, uno necesita ser querido para ganar, no ganar para ser querido.
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Las incógnitas del Celta B


Fotógrafo: LOF
El sábado, el Celta B ponía fin a una exitosa campaña cumpliendo el objetivo marcado al principio de la temporada: El ascenso. Pese a la relativa facilidad con la que se han ido superando las eliminatorias (no ha perdido ningún partido, aunque es cierto que el último choque se les hizo un poco largo), la temporada ha sido dura e intensa. Partía como uno de los máximos favoritos junto con el resto de conjuntos que coparon las cinco primeras posiciones: Racing de Ferrol, Compostela, Fabril y Pontevedra. Y, aunque la idea era luchar por el primer puesto, se encontró con un equipo inalcanzable. Los 97 puntos del cuadro ferrolano (mejor equipo de la historia del grupo gallego de Tercera División) es algo que se tardará mucho en volver a repetir. Quizás por ello, este ascenso haya tenido más mérito. Porque los competidores del Celta B eran escuadras con una masa social propia de divisiones superiores, históricamente acostumbradas a competir en divisiones superiores a la actual.

Pero, una vez alcanzada la meta y finalizada la campaña, es hora de planificar la siguiente. Para ello, hay que analizar la continuidad de algunos de sus hombres. El Celta B es un filial. Y la finalidad de un filial no es otra que la formación de jugadores con el objetivo de que algún día formen parte del primer equipo, o como mínimo que puedan ayudar llegado el momento. ¿Todos los jugadores del B están capacitados o lo estarán en algún momento para subir a jugar con los mayores? Pues lo más lógico sería que no. Y, teniendo en cuenta que algunos ya han alcanzado una edad más que considerable para un filial, habría que pensar en darle algún tipo de salida para que otro jugador con más proyección ocupe su lugar. Sobre todo por la nueva normativa de la RFEF. ¿Estoy diciendo con esto que, por ejemplo, todos los mayores de 22 años deben irse? Por supuesto que no. Por ello, vamos a analizar cada caso de manera individual, como corresponde.

Víctor Vázquez Rosales, "Churre". Empezamos por el capitán. 23 años (17/10/1989). Central corpulento, contundente tanto por alto como por bajo. Correoso, y siempre difícil de superar. Ha completado un gran año y ha sido el mejor defensor de la temporada. Pero no le ha servido para contar lo más mínimo para los entrenadores (Paco y Abel) de la primera plantilla. Se ha pensado antes en un central reconvertido (Antón de Vicente), que en él para una solución de urgencia. Obviando la nueva normativa que impide alternar el primer equipo con el filial a los mayores de 23 años, parece obvio que el central de Marín no tiene futuro en el primer equipo. A su favor juega que haya estado en el club desde juveniles y lleve tanto tiempo en el B. En Segunda B no desentonaría. Y nunca está de más tener gente con jerarquía que sepa como funciona la cantera y que pueda ayudar y aconsejar a los que van subiendo. Otra cosa es que él esté dispuesto a asumir ese rol.

Sergio Maestre García. Seguimos por su habitual compañero en el eje de la zaga. 22 años (18/11/1990). Central contundente y con una salida más que decente de balón. Puede jugar en el centro del campo. Titular durante toda la temporada, perdió el puesto sin motivo aparente en la segunda ronda del play-off en detrimento de David Costas. Si la idea es la de darle protagonismo a David Costas y a David Goldar y mantener a Churre, lo normal sería que no siguiese. Méritos ha hecho para continuar. Su gran problema es que los dos juveniles no están llamando a la puerta, la están tirando a cabezazos.

Diego Maceira. Único lateral izquierdo de la plantilla. 23 años (24/03/1990). Jugador con un gran golpeo del balón. Ha sumado un número importante de asistencias este año. Tanto en centros desde el costado zurdo como a balón parado. Defensivamente, aprobado raspado esta temporada. Tiene algunos fallos de concentración que le lastran mucho. Con la renovación de Bellvís y la supuesta incorporación de otro lateral izquierdo no parece tener sitio más arriba. Sin embargo, teniendo en cuenta que no hay otro lateral zurdo en el B (aunque imagino que Samuel subirá el año que viene) y que habrá que ver qué pasa con Bellvís el verano siguiente, creo que habría que mantenerlo al menos hasta entonces.

Antón de Vicente Adrio. Mediocentro en el B, central o lateral del primer equipo. 23 años (23/08/1989). Muy curioso el caso de Antón. Centrocampista indiscutible en el filial al lado de Levy Madinda. Pero tanto Herrera como Abel Resino pensaban en él como central o lateral, puestos que ha desempeñado puntualmente en el Coruxo y en el Celta B. Tiene un buen pase en largo y marca bien el ritmo del partido. Además, es inteligente tácticamente y tiene un disparo de media distancia cuanto menos interesante. Sus problemas son la edad y la competitividad. En Agosto cumplirá 24 años. Es decir, no podría alternar al A con el B. No sé si está dispuesto a seguir en Segunda B ni si desde el club se confía en él. Pero todo apunta a que o sube, o se marcha.

Rubén Martínez Granja. Mediapunta, aunque puede actuar por ambas bandas. 23 años (08/12/1989). Buena temporada del menorquín, que ha sido titular habitual por detrás del punta, y ha anotado un número considerable de goles. El año pasado una lesión le impidió jugar gran parte de la temporada, pero se ha podido desquitar en esta. Aún así, a pesar de ser una parte importante, no parece tener futuro en el primer equipo. Tiene una edad considerable, muchísima competencia y no ha destacado tantísimo en Tercera como para creer que vayan a pensar en él para el año que viene. Porque, como le pasa a Antón, Churre y David Añón, o sigue en el filial o sube a la primera plantilla. Por edad no podría andar subiendo y bajando.

Félix Rial Veiga. Delantero que puede jugar por ambas bandas. 23 años (25/05/1990). Tercer máximo goleador del equipo a pesar de no ser un titular indiscutible. Creció el año pasado en el Alondras, y lo ha demostrado esta campaña. Sin embargo, con 23 años ni siquiera es indiscutible en el filial. Aunque es cierto que ha jugado casi siempre por la banda, desplazado de su posición natural. No es descartable que continúe un año más si en los juveniles no hay nada mejor, pero a priori no parece tener futuro en el club.

David Añón González. El extremo que se convirtió en goleador. 24 años (30/04/1989). El gran refuerzo de esta temporada. En teoría venía como un ariete que puede jugar en la línea de tres medias puntas. Pichi Lucas lo situó en la banda, generalmente a pierna cambiada, y se acopló muy bien al equipo. Tanto, que acabó igualando a Camochu como máximo goleador con 15 goles. El mejor atacante de la temporada, aunque de nuevo la edad juega en su contra. Habría que esperar a ver como se desenvuelve en una categoría superior. Deberían contrar con él para la próxima temporada, y después decidir qué hacer. Aunque no tiene pinta de llegar a Primera División, quizás se convierta en un válido jugador de Segunda.

Javier López Iglesias, "Camochu". El 9 del equipo, un delantero de área. 24 años (13/04/1989). Igualado a goles con David Añón. Comenzó bien la temporada, pero al final sus números se estancaron en parte por la aparición de Santi Mina. Típico delantero de área. Rematador, goleador de área. En los últimos partidos trató de caer a banda y combinar y no lo hizo mal. Pero no fue esa su función a lo largo de la temporada. De técnica algo limitada, compensa esta carencia con el esfuerzo y sobre todo con un interesante olfato goleador. No tiene ningún futuro en el equipo. Santi Mina, Benja e incluso Thaylor deberían estar por delante de él.

Omito a Moreira (23 años), Juanma Torres (23 años) o Benja (22 años) por la falta de minutos este año. El que más me gusta de los tres es el último, que tiene clase y mucha técnica. Además, por sus características podría tener un papel importante en el equipo. Le gusta asociarse y debería continuar en Segunda B.
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La torpeza de Calzón y el ridículo de Mateu Lahoz


GETTY IMAGES
Anoche, aproximadamente una hora después de que el Celta certificase su permanencia, comenzó a circular la noticia de un posible amaño reflejado en el acta de Mateu Lahoz. Para los que no lo hayan leído, esto es lo que reflejó el valenciano en el apartado "Otras Observaciones":

A las 11:58 horas, en la zona de aparcamiento del Estadio de Balaidos, previo a la reunión protocolaria prepartido, el Delegado del R.C.D. Espanyol, José María Calzón Calzón, se dirigió a los miembros del equipo arbitral en un tono jocoso en los siguientes términos: "estábamos arreglándolo todo, no hace falta ni que arbitréis", en presencia de todos los participantes de dicha reunión. Estos hechos fueron captados por una cámara de televisión. El inicio del encuentro se demoró 45 segundos porque la megafonía del estadio estaba encendida teniendo que ser advertido el delegado de campo para detenerla.

Esto levantó suspicacias, e incluso hubo quien lo interpretó como que el colegiado estaba denunciando la compra o pidiendo una investigación. Nada más lejos de la realidad. El señor José María Calzón Calzón lleva casi 40 años ejerciendo de delegado del Espanyol. Y ayer le dio por hacer una broma delante de los árbitros. Una broma desafortunada. Sobre todo tal y como está el ambiente con este tema. Pero me sorprende que alguien crea por esto que el Celta ha comprado el choque. No solo porque el Celta venciese ayer a un rival que desde que se puso por detrás en el marcador se apresuró al máximo por sacar las faltas, y nos tuvo por momentos contra las cuerdas. Ni siquiera porque en el acta se refleja que las declaraciones las hace en tono jocoso. Sino porque en caso de que lo haya hecho, ¿alguien piensa que se lo comenta al árbitro? ¿Alguien cree que un señor que lleva casi 40 años siendo el delegado de un club profesional mete la pata de semejante manera si realmente han pactado algo irregular?

Por no hablar de lo que sorprende que el colegiado refleje una broma que le hacen nueve horas antes del encuentro en el acta arbitral. Se supone que lo hará para cubrirse las espaldas, al haber según él una cámara de televisión captando los hechos. Pero vamos, que personalmente me parece innecesario. Porque si hay quien se cree que una broma en plena calle a las doce de la mañana con cámaras grabando evidencia un intento de compra, apaga y vámonos. Claro que no está el ambiente para bromas al respecto. Pero tampoco está el celtismo como para que por un chiste desafortunado del delegado rival ahora se dude de su honestidad. Es solo una broma. Dejémonos de tonterías.
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La candidez de Mouriño


Foto: Ricardo Grobas
Uno de los dichos más famosos del refranero español es aquel que dice que el que no llora, no mama. De Lucas, tras el partido contra el Betis, decidió sacar el rifle, apuntar hacie el Comité Técnico de Árbitros, y soltar una de esas frases que en cuanto uno la escucha sabe que será de lo más comentado a lo largo de la semana. Ayer, Natxo Insa decidió intentar superar la machada de su compañero, asegurando que a veces le dan ganas de meter la cabeza y reventar a alguno. Declaraciones que podrían llegar a interpretarse como incitación a la violencia. Personalmente, semejantes manifestaciones no me han gustado. Primero, porque no creo en teorías conspirativas que buscan el descenso del Celta. Y segundo, porque las perlas que dejan caer De Lucas e Insa solo les perjudican a ellos mismos. Pero no tienen la culpa.

La culpa es de quien les ha llevado a esta situación. Porque los jugadores pueden afrontar un error o dos, aunque les duela. Tras un choque en el que han sido muy inferiores a su rival, todo hay que decirlo, a pesar de jugarse la vida. Y ven que el colegiado les anula un gol legal por 2,84 metros a falta de menos de diez minutos para el final. Y que en las últimas 6 jornadas les han dejado de pitar dos penas máximas clamorosas. Se han inventado una en contra. Y ahora se les anula un gol por un fuera de juego inexistente por casi tres metros. Y jode. Sobre todo, cuando uno ve que ciertos rivales se han visto beneficiados en ese mismo periodo de tiempo. Y los jugadores se sienten impotentes, y solos ante esta situación. Porque, y he aquí el problema, al club no parece importarle.


Carlos Mouriño y el resto de su cúpula directiva han dado la callada por respuesta. Han “abandonado” a los jugadores. Y estos han comenzado a hacer la guerra por su cuenta. Con salidas de tono como estas no se llega a ninguna parte. Un comunicado de prensa por parte del club, una queja formal ante el CTA… Podría haber evitado la meada fuera del tiesto y la posible sanción al catalán y al valenciano. Y este se convierte en el enésimo error de los altos cargos celestes esta temporada. Una campaña en la que no han dado la talla. Porque como es lógico una vez que comienza el curso deportivo se habla de los jugadores, del cuerpo técnico, incluso del director deportivo… Pero no es habitual que el nombre del presidente o del director general salgan constantemente a la palestra.


Porque, y quiero dejar claro que esto es una opinión personal, el Celta tiene un grave problema con los que mandan. No estoy insinuando, ni mucho menos, que considere que el presidente deba abandonar la entidad. Pero si creo que debería replantearse muchas de las cosas que han sucedido este año. Y replantearse si la gente que le rodea es tan válida como él cree. Han aparecido muchas historias sobre enfrentamientos, discusiones y desacuerdos de las que desgraciadamente un servidor no puede afirmar su veracidad. Pero cuando uno lee declaraciones y entrevistas de los implicados todo parece estar más claro.


Porque cuando uno lee que el entrenador pide un perfil de jugador para cubrir una posición y le traen un perfil diferente para cubrir un puesto diferente, algo va mal. Cuando uno lee que el director deportivo tiene atado a un jugador con unas características y llega el director general y le tumba esa negociación para traer a otro con otras características, algo va mal. Cuando uno lee que la cúpula directiva le comunica antes la decisión de destituir al entrenador vigente a la prensa que al propio entrenador, y que este se entera de su despido por los medios de comunicación, algo va mal. Cuando uno ve que el presidente tiene que salir a explicar la no contratación de un segundo entrenador, y además durante la comparecencia se muestra visiblemente alterado, algo va mal.


Porque cuando uno lo suma todo, son muchas cosas. Demasiadas. Y todo se empeora si echamos la vista atrás, y recordamos cómo se marchó Eusebio. El vallisoletano se fue dejando claro que su relación con Torrecilla y con Chaves no era buena. De hecho, llegó a acusarles indirectamente de no remar en la misma dirección que el equipo. También su segundo, Carlos Hugo Bayón, dejó un recado similar hacia la directiva. Incluso se puede sacar punta de las declaraciones de Miguel Torrecilla hace dos meses durante una de sus tres habituales comparecencias anuales para analizar la trayectoria del equipo. En aquel momento, el director deportivo quiso dejar bien claro que él no decide los fichajes. Que es el Celta el que los trae, trabajando de una manera determinada desde el consejo de administración y la presidencia.


El caso es que si el director deportivo no le trae al entrenador los refuerzos que pide, si el director general se entromete en la labor del director deportivo imponiéndole determinados refuerzos y si el presidente ni acierta en las formas a la hora de despedir a un trabajador ni a la hora de contratar a otro, ni hace nada para detener este descontrol, ¿cómo va a funcionar bien el club? Todos estos errores, unidos a los de Herrera primero y Abel después y a los de los propios jugadores, son los que están propiciando que el Celta de Vigo esté a un paso de volver a la Liga Adelante.


Por favor, señor Mouriño, ponga orden dentro del club. Reaccione. Salga a defender a su equipo. Mande a alguien que lo haga. O, al menos, presente una queja formal ante el CTA, la LFP o quien considere, y fíltrelo a los medios. Usted ya sabe lo que es descender con este conjunto. Y sabe lo duro que es volver a subir, por mucho que ahora estemos mejor económicamente. Es innegable que desde que usted llegó, la directiva del Celta ha hecho un gran trabajo y un gran esfuerzo hasta esta temporada. Han sacado a la entidad de la ruina y la han devuelto a la Primera División. Han conseguido volver a ilusionar a una afición, a toda una ciudad. Nos hicieron creer que éramos un club diferente. Por favor, no permita que se pierda esa ilusión. O todo su trabajo no habrá valido para nada.
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Ambición para el futuro


REUTERS
El Celta juega un partido muy importante esta noche en el Santiago Bernabéu. Algo más que pasar o no de ronda. Una posibilidad que, ahora mismo, se antoja bastante complicada. A priori pasa porque a lo largo del encuentro se produzca algún hecho especial. Penaltis, expulsiones, la actuación sublime de Sergio o una falta  inusual de puntería por parte del Real Madrid. Y sobre todo por superar al equipo merengue en las áreas, la gran asignatura pendiente de los de Herrera.

Pero lo principal, a mi modo de ver, no consiste en pasar esta eliminatoria. En parte porque las posibilidades de ganarla son ínfimas. Superar al Valencia y al Barcelona a doble partido se intuye tarea imposible. Lo importante es conseguir de una vez que el equipo crea de verdad en sí mismo. Dejar de salir encorsetados fuera de casa. Luchar desde el primer momento por algo más que dejar la portería a cero. En definitiva, arriesgar.

Y este es el encuentro idóneo. Suele decirse cuando se juega contra escuadras de la magnitud de Barcelona o Madrid que no hay nada que perder. Pero siempre se alberga la esperanza de arañar aunque sea un empate. Esta ocasión es diferente. Aunque consiguiésemos ganar, ¿realmente alguien cree que tenemos posibilidades serias de ganar la Copa del Rey? Pasar de ronda nos llevaría probablemente a tener que jugar dos o cuatro choques más entre semana para acabar cayendo. Cosa que, como experiencia para un equipo joven como este, no estaría nada mal. Pero en esta ocasión creo que es mejor plantar cara y sucumbir que meter el autobús y pasar con mucha fortuna.

Desde el club llevan toda la semana lanzando mensajes sobre lo importante que es no salir a defender. Paco Herrera no es tonto y lo sabe. Pero no depende solo de él no salir a defender aunque tenga una gran responsabilidad sobre eso. Es importante que sus jugadores crean en sí mismos. Salir esta noche a plantarle cara al rival en su campo. Superar el famoso miedo escénico del Santiago Bernabéu. Jugando al contragolpe o saliendo a dominar.

Conseguir demostrar ambición hoy puede implicar un cambio de actitud a domicilio en el futuro. Y eso es lo verdaderamente importante. Convencerse a sí mismos de que pueden jugar fuera de casa como lo hacen en Balaídos. Porque el Celta es el décimo mejor equipo como local por alguna razón. Porque están capacitados para ello. Y porque si entrenador y jugadores se convencen de la importancia de salir a por todas fuera de casa, creo firmemente que no habrá problemas para salvarse. Y la actitud de hoy puede marcar un antes y un después.
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Orellana y la cuadratura del círculo


Foto: LUN



Si nos lo dicen hace dos meses no se lo cree nadie. En verano, todo Vigo quería que Fabián Orellana continuase su carrera en el Real Club Celta. Se marchó asegurando que se quería quedar. Y, sin buscarlo, se convirtió en un amor de verano para todo celtista. En su presentación en Granada le hizo un guiño a Torrecilla. Algunos lo consideraron insuficiente. Otros juzgaron que lo que no era normal era que asegurase que su preferencia era volver al club celeste nada más pisar la ciudad nazarí. Hasta en esto fue ángel y demonio el chileno.

Pasaron los días y no había noticias de uno de los hombres claves del ascenso. Desde el club se esperaba que el jugador dejase claro que no estaba dispuesto a jugar con el Granada. Pero eso nunca sucedió. Y, tras una información en la que se sugería que Fabián podía estar jugando a dos bandas, todo se aclaró. La mayoría de los celtistas intuyeron lo que Herrera confirmó unos días después. Orellana, uno de los tres mejores futbolistas de la pasada campaña, no iba a volver.

Semanas después, Rafa Valero aseguró que Fabián jugó con el Celta para conseguir una mejora salarial. No soy nadie para desmentir esa información. Aunque creo que nunca sabremos qué pasó exactamente. Parecía que el tema moría ahí. Pero, cosas del azar (o del destino), el chileno vuelve a estar en el mercado. Tanto el jugador como el conjunto granadino quieren poner fin a su relación profesional. Y el celtismo se vuelve a acordar de él. Como no hacerlo, si todavía sigue latente en nuestros corazones. Si todavía recordamos su primer gol con la zamarra viguesa. Aquel tanto frente al Valladolid, de falta directa y en el último minuto. Lo que le costó encajar, y lo que nos costó quererle.

Y, curiosamente, Orellana representa un tipo de jugador que no abunda en esta plantilla. Un futbolista vertical, desequilibrante, determinante. Que atraiga la atención de la defensa rival. O, mejor dicho, que distraiga la atención de las zagas rivales sobre Iago Aspas. Porque Krohn-Dehli no es el extremo con desborde, llegada y gol de la Eurocopa. Ha mutado en otro tipo de futbolista. Ahora aporta muchas otras cosas, pero ni desborde, ni llegada, ni gol. Casi se podría decir que el chileno necesita al Celta y el Celta a Fabián. Futbolísticamente hablando, claro.

Sin embargo, su llegada no se antoja probable. Si realmente la directiva está decepcionada con la forma de proceder de Orellana, no parece factible ni que se interesen por su situación. Pero hace demasiado poco que era un ídolo. Y seguro que a más de uno, entre los que me incluyo, le gustaría que volviese. No sería el primer jugador controvertido que se acaba convirtiendo en una leyenda. Pero esto son solo castillos en el aire. Quizás Fabián solo sea ese amor de verano. Un romance breve pero intenso. Quizás siempre supimos que su estancia definitiva en Vigo era más que improbable. Aunque de algún modo nos resistimos a dejarle escapar. Tal vez sea mejor asumir que solo será un bonito recuerdo. Porque, y ojalá me equivoque, el panorama no semeja ser el idóneo para su regreso.
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8 minutos para la esperanza


EFE
Hemos visto en incontables ocasiones cuanto puede cambiar un partido tras el descanso. El efecto que puede tener una arenga, bronca, charla táctica o similares. Ayer en Anoeta se vio algo similar. Un Celta desnortado durante el primer tiempo, incapaz de generar una ocasión clara de gol y de evitar que se las generasen, sufrió un lavado de cara. No fue algo espectacular, pero fue suficiente. Digamos que sobre todo fue esperanzador. Tan esperanzador como fugaz, pues este lavado de cara duró exactamente 8 minutos. Desde que Pérez Montero dio comienzo a la segunda parte hasta que Agirretxe batió a Javi Varas.

Porque la reacción celeste solo duró esos minutos. Eso sí, esos 8 minutos no cambian lo visto en el resto del choque. Pero es un clavo ardiendo al que aferrarse. Fueron solamente dos jugadas de ataque, dos ocasiones de gol. Suficiente para saber qué podemos esperar de este conjunto. A qué aspira Paco Herrera con este club. Está de moda jugar a ser entrenador. Hablar de si es mejor jugar con trivote o con doble pivote. Si el 4-2-3-1 es mejor  que el 4-3-3 o el 4-4-2. Escuchamos muchos conceptos tácticos que tienen menos importancia de la que se da.

Al final, todo depende de los jugadores. Que sobre el campo se entiendan y sobre todo que sepan asociarse.  Y esto último es lo que le está faltando al Celta. Ha costado mucho tiempo traer refuerzos, y tienen que acoplarse al equipo. Estamos, como quien dice, en plena pretemporada. Lo que supone un problema, porque implica empezar la liga con desventaja. Por eso digo que hubo 8 minutos para la esperanza. Porque hubo 8 minutos en los que el cuadro vigués combinó con rapidez y precisión.

Los jugadores se entendieron entre sí, supieron asociarse, interpretar los desmarques, acompañar bien la jugada. Incluso en el aspecto defensivo. El 2-1 llega por una sucesión de errores, el último de ellos el no entendimiento entre Cabral y Túñez. Algo que el tiempo puede corregir. Cada equipo juega de una forma diferente, y va a pasar un tiempo hasta que Augusto, Khron-Dehli y el delantero que llegue consigan acoplarse del todo. Y que De Lucas, Aspas y demás se compenetren bien con ellos. Recordemos al Fabián Orellana de principios de liga y al del tramo final. Esos 8 minutos son la demostración de lo que pueden conseguir los pupilos de Paco Herrera. Lo único que podemos hacer es confiar en que su adaptación sea lo más rápida posible.
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Ante todo, prudencia


Foto: R. Gómez / El Norte de Castilla 
El ascenso directo del Celta depende única y exclusivamente del propio Celta. Está claro que eso es algo que todo el mundo sabe. Ha costado mucho estar en esta privilegiada situación a falta de tan pocas jornadas. Sobre todo cuando nuestro principal rival es tan bueno. Los de Paco Herrera han llegado a este tramo final de la temporada en un estado pletórico. Desde la derrota en Alicante, y obviando la media hora en Cartagena, la actitud del equipo ha sido la idónea. Varios de nuestros mejores jugadores están en un momento dulce, y el calendario nos da como claros favoritos.

Pero esto hay que refrendarlo. El Valladolid ha demostrado en estas dos últimas jornadas lo que todos sabemos: que es un equipazo. Creo que son pocos los que dudan que los tres primeros clasificados ahora mismo son los que deberían ascender. Pero tal y como está montada la categoría de plata, esto puede que no suceda así. Y hay que ser muy prudentes. Este fin de semana hemos visto como el Deportivo ha viajado a Jerez con el autobús del ascenso. Han sido muy optimistas, no al pensar en el triunfo del club herculino, sino en la no victoria del conjunto pucelano.

Porque creo firmemente que el Valladolid no va a fallar. Ni en sus dos enfrentamientos en casa ni en Alcorcón. Ojalá me equivoque, pero eso es lo que creo. Y creo que lo mejor es que todos los celtistas piensen lo mismo. Que toda la gente que viaje a Tarragona pensando que el Celta va a ascender ese día, cambie el chip. Da la sensación de que el Deportivo está flaqueando un poco, pero tiene ventaja más que suficiente para no pasar problemas. Nosotros no tenemos esa ventaja.

Estamos rozando el ascenso con la punta de los dedos. Y en Vigo se respira la sensación de que este año si toca. Pero el fútbol no es una cuestión de matemáticas. Cualquier acción tan puntual como desafortunada puede echar por tierra todo el trabajo de una temporada. Todo apunta a que la segunda plaza no se nos va a escapar. Pero hay que ir paso a paso. El miércoles hay que doblegar al Xerez. No importa lo que suceda en Zorrilla. Y el domingo, más de lo mismo en Tarragona. No olvidemos que los de Djukic tienen calidad suficiente para solventar sus compromisos. Lo bueno es que nosotros también.
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El Celta se traiciona a si mismo


Foto: Laverdad.es
Nadie dijo que iba a ser fácil. La media hora restante ante el Cartagena se aventuraba cono una tarea muy complicada. Y así lo fue. El Celta afrontaba el encuentro de la peor manera posible: sin varios de sus jugadores clave por lesión, sanción, o por haber sido sustituídos. Herrera sabía de la importancia de este partido, y por eso decidió jugársela. Pero cometió un error, un grave error. Convirtió a un equipo acostumbrado a jugar por raso y a elaborar la jugada desde la defensa en otra cosa. En uno que abusaba descaradamente del juego directo.

No todos los encuentros son iguales. Y este, por lo extraño de sus características, menos aún. Pero una cosa es cambiar un poco tu forma de jugar para adaptarte a las condiciones del choque. Y otra es cambiar frontalmente tu estilo de juego. Disputar media hora como no lo has hecho a lo largo de 36 partidos no se puede hacer. Una cosa es meter un día al mediapunta de ariete, caso Bermejo, o variar la posición de Álex López del doble pivote a la mediapunta. Cada partido es un mundo. Pero hay cosas que hay que mantener siempre.

Sobre todo cuando tus hombres de ataque son como son. Cuando los encargados de luchar por balones aéreos son Joan Tomás (1,67 cm.), Toni (1,77 cm.) y De Lucas (1,75 cm.), hay un problema. Entiendo que Herrera quisiese probar algo diferente. Pero en Cartagonova se pasó en su vuelta de rosca. Ya sé que es fácil comentarlo a posteriori. Y que si el disparo de Bellvis llega a entrar, nadie hablaría del tema. Aunque la ocasión llegase de una de las pocas jugadas elaboradas por el equipo. Pero un equipo no debe perder nunca el estilo de juego que le caracteriza.

Escuchar al entrenador gritarle a Hugo Mallo mientras este saca de banda que lo haga siempre en largo no es típico del Celta. Parece obvio que no volveremos a jugar así. Que Herrera sabe lo que hace, que anoche quiso intentar algo completamente nuevo y que se equivocó. No jugó así cuando perdíamos por dos goles de diferencia ante el Deportivo o ante Las Palmas. Por eso probablemente se quede en una anécdota. Que esperemos no se repita.
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La vida sin revulsivos


Foto: Faro de Vigo
Minuto 60 de partido. El Celta pierde o empata un partido que cada vez está más cuesta arriba. El equipo está errático. Fallan pases fáciles, no hay ocasiones claras... Es en ese momento en el que se ve a Joan Tomás, Toni, Aspas o a David Rodríguez listos para saltar al campo. La ilusión entra de pleno en el corazón de todo celeste. Una hora de encuentro en la que el conjunto vigués no ha jugado como debería se resuelve en media hora para el recuerdo. Cierto es que muchas veces no es así, pero por norma general los cambios mejoran a la escuadra celeste. Quizás especula demasiado Paco Herrera, sabedor de que en el banquillo guarda un as o dos en la manga.

En las últimas jornadas, el entrenador catalán ha tenido que tirar de banquillo para intentar resolver algunos partidos que se habían puesto muy cuesta arriba. Joan Tomás anotó el gol de la victoria contra el Valladolid en el último suspiro. Ante el Huesca, el gerundense logró un tanto de chilena que sirvió para sacar un punto en los últimos minutos. Bermejo y Toni le dieron otro aire al equipo contra Deportivo y Hércules, aunque la victoria cayera del lado rival. De nuevo Joan Tomás, Toni y Aspas revolucionaron en choque contra el Barcelona B. Y el ex-jugador del Villarreal B dio el sábado el pase a Orellana que se convirtió en el gol de la victoria.

Sin embargo, en Cartagonova se enfrenta a una situación inédita. No solo no dispone de muchos jugadores importantes para el equipo. Sino que, además, se queda sin plan B. En caso de que las cosas no salgan como esperaba, no podrá echar la vista al banquillo y decirle a Joan Tomás que caliente. Y eso le da al choque una importancia mucho mayor de la que parece. Porque últimamente el Celta está dependiendo en exceso de los jugadores que entran de refresco. Y un día en el que la gente que habitualmente entra en el segundo tiempo juega de inicio, y no hay opciones en el banquillo, es un día complicado. Nadie duda de la calidad de Joan Tomás o de Toni. Pero lo cierto es que suelen ayudar mucho más al equipo jugando solo la segunda mitad. Habrá que ver como afronta la escuadra viguesa un día sin revulsivos.
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La victoria como bálsamo


En Soria asistimos al enésimo mal partido del Celta esta temporada. El equipo vigués dio una pésima imagen en el campo de los Pajaritos hasta que, fruto de un error infantil de Sunny, se vio con el choque de cara. La escuadra viguesa acumula a estas alturas demasiados encuentros solventados por su innegable poder ofensivo. Es cierto que en el plano defensivo ha logrado una consistencia más que interesante, pero el rendimiento global del equipo sigue sin ser óptimo. Y, personalmente, comienzo a creer que este es más un problema de mentalidad que de esquema. Con esto no quiero decir que los jugadores no estén comprometidos. Sencillamente, es un problema psicológico. Un famoso entrenador de baloncesto decía que primero había que aprender a hacer las cosas bien para después hacerlas siempre bien. El Celta no ha conseguido lo primero, por lo que no puede hacer lo segundo. Y el causante de esto puede ser la presión por el ascenso.

Muchas veces no somos conscientes de la importancia de la psicología en el deporte. Y, en ocasiones, lo tenemos delante de nuestros ojos. Un claro ejemplo fue lo que le sucedió al cuadro celeste la pasada campaña. Durante la primera mitad de la temporada, el club vigués consiguió determinadas victorias, como en Vallecas, en el Nou Estadi o en el Alcoraz que probablemente no mereció. Pero, como si fuese algo rutinario, iba sumando los tres puntos. Es cierto que la mayoría de las victorias eran merecidas, pero otras no. El Celta parecía lanzado hacia el ascenso, pero entonces sucedió algo extraño. De un día a otro y sin razón aparente, los papeles se invirtieron.

La escuadra celeste comenzó a perder puntos en determinados partidos en los que dilapilaba ocasiones de gol. Fue superior al Huesca y al Villarreal B en casa, pero fue incapaz de sacar algo positivo. Y entonces, como si se tratase de un efecto dominó, los engranajes de la nave viguesa comenzaron a fallar en serie. David Rodríguez ya no era ese killer que luchaba por el pichichi de Segunda, los pases de Trashorras no eran los de antes, López Garai comenzó a sentirse perdido en el terreno de juego, los centrales cometían errores garrafales... Salieron a la luz una serie de problemas que el equipo no acusaba antes. ¿Casualidad? No, presión y falta de confianza. El Celta sintió el llamado mal de altura y su rendimiento decayó, dando vía libre al Rayo y al Betis. La rutina pasó a ser la de las derrotas, y a punto se estuvo de no acabar entre los seis primeros.

El sistema táctico del conjunto celeste ya ha dado prácticamente todas las vueltas de tuerca que podía dar. Se podrían probar más variantes, pero cambiar el sistema tampoco es la panacea universal. El rendimiento de Hugo Mallo y Roberto Lago no es el mejor. Y eso no hay sistema que lo cambie. Al igual que la actuación de Insa, que esta temporada está yendo de más a menos, o de Bustos. Hay ocasiones en las que el único problema es la mentalidad del equipo. El Celta necesita encadenar cuanto antes una importante racha de victorias. Parece una obviedad, pero ganar lo cura todo. Estoy convencido de que en cuanto el cuadro vigués encadene tres o cuatro partidos seguidos ganando, la historia cambiará. David Rodríguez dejará de fallar manos a mano, Mallo y Lago volverán a ser esos laterales seguros en defensa e incipientes en ataque y tanto Bustos como Insa dejarán de tener esos problemas para sacar el esférico. Tan solo necesitan liberarse de la presión del ascenso, que hasta no hace mucho estuvo a punto de mandarnos a Segunda B. Quizás las declaraciones de Carlos Mouriño sobre los objetivos del equipo han contribuído a esto, pero hay que conseguir ir partido a partido. Porque ni antes éramos tan buenos ni ahora somos tan malos.
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Herrera y sus cambios de sistema


Si algo ha demostrado Paco Herrera desde que está en Vigo es que es un entrenador de ideas fijas. Esto no quiere decir que no sea capaz de rectificar algunas de sus decisiones. Sencillamente, le cuesta más que a la mayoría. Esto explica algunos de sus comportamientos: Su tardanza a la hora de hacer cambios en los partidos en los que el Celta se atasca, su empecinamiento en mantener determinados jugadores en el once inicial aunque estos no atraviesen su mejor estado de forma o su rigidez táctica en momentos puntuales. La pasada campaña, cuando el conjunto vigués entró en barrena, el técnico aguantó el chaparrón sin hacer cambios. Fue el choque ante el Girona en Balaídos, 0-4, el que hizo reaccionar al entrenador celeste. A partir de ese día, defensa de cinco, Álex López desapareció del once, y otros como Trashorras o David Rodríguez dejaron de ser figuras clave. Y lo vivido ayer en el Celta - Valladolid parece indicar el técnico catalán tiene muchas dudas sobre el equipo, aunque hay cosas que sigan siendo inamovibles. Me explico.

Con cosas inamovibles me refiero a la fe que Paco Herrera deposita en determinados jugadores. No se entiende, por ejemplo, que Bellvís no haya tenido opciones a pesar del mal estado de forma de Hugo Mallo y Roberto Lago. Pero destaca especialmente la confianza ciega en Bustos y el contraste con la que deposita en Oubiña. La única explicación lógica para lo que está pasando con el futbolista vigués es que, por alguna razón, no le gusta al técnico. El año pasado no tuvo oportunidades a pesar del mal final de campaña de López Garai. Y esta temporada, con Bustos, más de lo mismo. El alicantino no está bien, pero aún así el entrenador celeste se empeña una y otra vez en darle galones. Ayer cedió en su empeño y metió a Borja de inicio. En el minuto 62, sin ningún síntoma de cansancio evidente o posibilidad de expulsión, quitó a Oubiña del campo para meter a Bustos. Con 0-0 en el marcador quitó a un pivote defensivo, que no estaba realizando un partido tan malo como para justificar ese cambio, para meter a otro con peor salida de balón. Es decir, Herrera sabía que el caso del alicantino era indefendible, así que cedió y metió al canterano vigués. Pero en cuanto se le presentó la oportunidad, realizó el cambio.

Tampoco le acaba de convencer el sistema al técnico catalán. Su idea era jugar esta temporada como jugó en Murcia. Es decir, con Mario Bermejo como referencia arriba, David cayendo algo más a banda y De Lucas con libertad. Tres centrocampistas, con un doble pivote formado por Insa y Bustos y con Álex López un poco adelantado para conectar con los de arriba. Tras la lesión del 9 del Celta, el míster no supo reaccionar y probó metiendo a Iago Aspas. Llegó el Valladolid, y se produjo un nuevo cambio de sistema. De vuelta al posicionamiento de la pasada campaña con Orellana haciendo de Trashorras. Como tampoco dio resultado, llegó la enésima vuelta de tuerca. 4-2-3-1 con Joan Tomas de mediapunta, aunque Álex López estaba casi a su altura, y Orellana y De Lucas pegados a las bandas. Casi un 4-1-4-1, que provocó una sucesión de ocasiones y, me atrevería a decir, los mejores momentos del Celta en el plano ofensivo en lo que va de temporada. Por las declaraciones del técnico después del partido, da la sensación de que Herrera ha encontrado un sistema que mantener. Pero en el supuesto caso de que así sea, se le presentan nuevas dudas al entrenador del Celta.

¿Quién jugará de mediapunta? ¿Joan Tomás, Iago Aspas o incluso Álex López? ¿El ferrolano pasará al doble pivote, o volverá a desaparecer del once? Cuando vuelva Mario Bermejo, ¿se volverá al sistema de Murcia o el 9 se irá al banquillo? Si el ariete se confirma como titular, ¿quién será el que chupe banquillo? Demasiadas dudas para un conjunto que ya debería tenerlas resueltas. La temporada es larga, si, pero los rivales son muy peligrosos. Valladolid, Deportivo, Hércules, Almería, Elche... Son muchos equipos para ascender, y no podemos seguir dejándonos puntos por el camino. El comienzo no está siendo el mejor, pero no hay que perder la esperanza. El equipo tiene mimbres para acabar arriba, pero estos no acaban de encajar.
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¿La hora de Jota?




La marcha de Roberto Trashorras este verano supuso un varapalo para la afición celeste. No se entendía por qué el club se desprendía de una de sus piezas claves a coste cero. Se dijo que se llevaba mal con Paco Herrera, que tenía una ficha muy alta... Sin embargo, lo peor no fue la salida del futbolista de Rábade. Lo peor fue que no llegó nadie para substituírle. Se fichó a Fabián Orellana. Un gran fichaje, todo sea dicho, cuyo juego se asimila más al de De Lucas que al del lucense. Trashorras es un jugador con una gran visión de juego y un golpeo de balón excelente. Técnicamente exquisito, pero con una falta de sacrificio y en ocasiones una falta de tensión que le han impedido llegar lejos.

El caso es que se marchó Roberto y al Celta se le apagó la luz. Durante lo poco que llevamos de temporada se ha visto que la escuadra celeste solo hace daño al contraataque. Y eso es un problema. Llegó Natxo Insa para reemplazar a López Garai en la medular, pero ha quedado claro que la pareja Insa - Bustos no puede dar una salida limpia al balón por si sola. La entrada de Oubiña o de Álex López al lado del alicantino ayudaría al equipo en este aspecto, claro está. Pero no sería suficiente. Falta un jugador especialista en jugar entre líneas y dar el último pase.

Ese rol lo podría desempeñar Iago Aspas. El de Moaña tiene las cualidades necesarias para ser el 10 del Celta. Pero le falta temple. En ocasiones se le ve demasiado acelerado. Y, y esto ya es personal, da la impresión de que es un futbolista que hace más daño saliendo desde el banquillo que disputando los 90 minutos. Así pues, teniendo en cuenta que la situación económica no es la mejor para que llegue alguien en invierno, si se quiere a alguien en esa posición, habrá que mirar hacia la cantera.

Y ahí nos encontramos con Jota. Un jugador con las cualidades necesarias y que se encuentra a día de hoy liderando el filial celeste. Ayer marcó dos goles y dio una asistencia, y da la sensación de que la Segunda B se le empieza a quedar pequeña. Está claro que el destino del mediapunta es jugar con los mayores. ¿Todavía es pronto? Quizás si. Es posible que todavía esté un poco verde para entrar en la dinámica del primer equipo. Pero también estaba verde Iago Aspas el día de su debut. Y todos recordamos lo que pasó. En aquel momento, Aspas era necesario y se echó mano de él. Quizás ahora Jota sea lo que Paco Herrera necesita para dar claridad a este equipo.
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