El día que comenzó la leyenda del mesías de Moaña


Foto: Xoan Carlos Gil
Nunca el Celta estuvo tan cerca de abismo como aquel día de 2009 cuando el Alavés puso a prueba el corazón del celtismo. Sucedió tal día como ayer hace 7 años. El Celta llegaba a la antepenúltima jornada con la obligación de ganar al conjunto vitoriano para salvar la categoría, y evitar una más que posible desaparición. Por delante quedaban dos jornadas más, pero el equipo había entrado en una dinámica tan negativa, que daba la sensación de que si no se lograba la salvación en aquel encuentro, posiblemente ya no se alcanzaría. 

Los nervios marcaron el encuentro desde el principio. El Celta regaló entradas para llenar el estadio, que presentaba muy buen aspecto. Con la segunda mitad en juego, el marcador no se había movido. Eusebio tenía bajas importantes en el ataque. Guilas y Dinei no estaban por diversos motivos, así que el técnico castellano lo resolvió convocando a Joselu, que ya había jugado algunos minutos antes, y a Iago Aspas, un joven e impulsivo delantero, que había debutado el año anterior en un partido jugado en Salamanca. 

Cuando el técnico de La Seca llamó a Aspas para que entrase al campo, Balaídos aplaudió con una mezcla de sorpresa y esperanza. Claro que el chaval despejó cualquier duda desde el minuto 1, con dos acciones consecutivas en las que mostró más peligro del que habían podido crear sus compañeros durante todo el partido. Aquellas no entraron, pero a diez minutos del final lograría el primero tras un gran pase de su amigo Dani Abalo. 

El Alavés no estaba dispuesto a dejarse vencer tan fácilmente. Empató el partido, y tuvo el 1-2 que dejaría al Celta al borde del precipio. Lo evitó Falcón. Cuando todos pensábamos que el empate era un mal menor, que no salvaba al Celta, pero no empeoraba la situación, llegó el segundo del Celta. Era el descuento. Jordi Figueras botó una falta en campo propio, Jonathan Vila peinó el balón hacia la portería rival, David recogió el balón y disparó, y Aspas, con la caña preparada, aprovechó el rechazo para poner el 2-1 que ya era definitivo. No había tiempo para más. 

Balaídos estalló de júbilo y de alivio. Un chaval que no había jugado nunca en el estadio vigués acababa de salvar al equipo de un posible descenso. El resto de la historia de Aspas ya la conocéis. Del Alavés a Europa, pasando por un ascenso a Primera y una permanencia. Y siempre está Aspas. Aquel día, el mesías de Moaña, empezó a hacer historia en el Celta. 

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