El futuro del Celta lleva el 26 a la espalda


Foto: Juan Herrero/EFE
Pocos jugadores han ilusionado en los últimos años tanto como Brais Méndez. El canterano tiene algo en común con muchos de sus predecesores, y es que a casi todos nos gusta ver como los jugadores de la cantera suben al primer equipo o empiezan a tener minutos. En este sentido no es diferente a muchos de ellos, pero el caso de Brais es especial. 

Y es especial porque se trata de un futbolista diferente, algo que se ve a kilómetros. Tiene un talento especial, una forma de jugar que entusiasma a los aficionados de cualquier equipo. Es de esos jugadores con capacidad para inventarse algo que cambie por completo un partido. Lo ha venido demostrando desde sus primeros partidos con el primer equipo. 

Muchos aún recuerdan su debut en un amistoso ante el Lugo, en la penúltima pretemporada del equipo. Aquel día marcó un gol, pero más allá de ese hecho dejó la sensación de poder hacer grandes cosas en el futuro. Y ese tiempo ya ha llegado. Brais entra habitualmente en las convocatorias de Unzué. De momento apenas ha tenido oportunidades, pero está totalmente integrado en la dinámica del equipo y con muchas ganas de presentar batalla. 

Además da la sensación de tener la cabeza amueblada y las cosas claras. Sabe que los pasos se dan de uno, y no de tres en tres, como alguno de sus predecesores pensaba. Eso a veces lleva a tomar malas decisiones. La calma y la paciencia, unida al trabajo, son ingredientes que garantizan el éxito, y eso será lo que acerque a Brais al fútbol profesional que ya toca con los dedos. Lo vimos ante el Getafe, con mucho descaro en el campo, y volvimos a ver pinceladas de su juego ante el Eibar. 

Tiene aún muchos conceptos por mejorar. Muchos. Pero esto no es ninguna novedad. Cualquier futbolista de su edad los tendría. Lo que no todos tienen con 20 años es su talento. Que lo aproveche. 

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