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Juanfran y Alejo, nuevos fichajes para el Celta de Leyendas



El Celta anunció cuatro nuevos jugadores para el partido de leyendas, que se jugará en Balaídos el próximo miércoles 30 de agosto. Juanfran y Alejo reforzarán al equipo de leyendas celestes. Dos futbolistas que marcaron época en dos momentos distintos aunque cercanos de la historia céltico. 

Alejo pasó a la historia por ser el lanzador que falló la pena máxima decisiva en la tanda de penaltis de la final de Copa de 1994. Juanfran, uno de los integrantes del Euro Celta, fue el dueño del lateral izquierdo del Celta durante los años europeos, hasta que el descenso de 2004 separó sus caminos. 

El Celta también anunció dos nuevos nombres para el equipo de leyendas internacionales. Christian Karembeu y Javier Zanetti, que se unirán a un listado de exfutbolistas muy importantes que se medirán a las viejas glorias célticas. 

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¿Te acuerdas de... Alejo?


Foto: La Voz de Galicia
Es imposible separar el recuerdo de la Copa del Rey de 1994 con el de Alejo. El futbolista catalán falló una pena máxima decisiva en la tanda de penaltis de aquella final, pero su periplo por el Celta no se debe restringir a ese encuentro. Defendió la camiseta celeste en 158 ocasiones, marcó 7 goles y jugó durante cinco temporadas. Hoy queremos recordarlo. 

Alejo Indias Álvarez, aunque es catalán de adopción, nació en Don Benito (Badajoz) el 14 de Octubre de 1966. Formado en las categorías inferiores del FC Barcelona, Alejo, defensa central aguerrido y contundente, fue uno de los titulares indiscutibles de la zaga celeste en la década de los 90. Tras jugar en Barcelona B, llegó al Figueres en la temporada 1989-90, para formar parte de una de las mejores plantillas de la historia del Figueres, la que en la temporada siguiente, 1991-92 jugaría la promoción de ascenso a primera ante el Cádiz, compartiendo equipo con jugadores como Toni Jiménez, Gratacós, el ‘Lobo’ Carrasco, ‘Tintín’ Márquez, o el que sería después compañero suyo en el Celta, Tito Vilanova.

El Real Club Celta, que estaba de vuelta en primera en la temporada 1992-93, refuerza en el mercado de invierno la línea de centrales con la llegada de Alejo Indias. Debutó con el Celta al poco de su llegada, en Balaidos frente al Tenerife, el 20 de diciembre de 1992. Desde su entrada en el equipo, formó junto a Patxi Salinas, una pareja de centrales indiscutible durante varios años.

En las 5 temporadas que jugó en el Celta, disputó 158 partidos de liga en primera división. Su primer gol con la camiseta del Celta lo hizo en Balaidos el 10 de abril de 1994, en la victoria frente a la Real Sociedad (3-2). Anotaría un total de 7 goles en liga en esas 5 temporadas, cifra destacable para un defensa, y que son fruto de su dominio del juego aéreo. Tras su primera temporada en Vigo, el interés del Espanyol por su contratación, llegando a ofrecer 100 millones de pesetas, trajo en jaque al consejo, pues Chechu Rojo había renovado con la condición de que el club no se desprendiera de ninguno de los jugadores considerados importantes para el equipo, y Alejo era uno de ellos.

Pero Alejo siempre será recordado en la historia del Real Club Celta por lo que ocurrió la noche del 20 de abril de 1994 en el estadio Vicente Calderón de Madrid. El Celta disputaba por segunda vez en su historia una final de copa. Celta y Zaragoza jugaron 120 minutos y tuvo que ser, una vez más, la suerte de los penaltys la que nos recuerde qué injusto es el fútbol.

Alejo lanzaba el 5º penalty para el Celta, cogió carrerilla y soltó una patada, más al césped que al propio esférico, mientras el balón se acercaba tímidamente a las manos del meta Cedrún. Luego, con Cañizares bajo palos, el "Paquete" Higuera se encargaba de destrozar la ilusión de miles de celtistas.

La mayoría de bolígrafos y micrófonos buscaron al «culpable» de la noche, a Alejo Indias, que inmediatamente se quitó el peso de encima: «Nada más fallar quise desaparecer, pero unos minutos después comprendí que no era el fin del mundo. Lo siento por los miles de personas que confiaron en mí. Les he fallado. Me repondré».

S.M. el Rey debió imaginar a un Alejo al borde del suicidio cuando le dio este mensaje a Txetxu Rojo en el palco: «Tienes que dar ánimos a ese chico, que está hundido». Rojo, conocedor de lo suyo contestó: «No es él el que me preocupa. Los hay más débiles en mi equipo». Pero la historia de Alejo en el Celta no se terminó aquella noche, ya que seguiría siendo indiscutible, respetado, y ganándose el cariño de la afición, hasta que dejó el equipo al finalizar la temporada 1996-97.

Cuando se cumplían 15 años de la final, el Faro de Vigo entrevistó a Alejo, a quien le preguntaban como llevaba el que siempre le recuerden por el famoso penalti, y él decía lo siguiente: "Es lógico. He sido un profesional del fútbol y eso significa que sucedan estas cosas. El penalti lo fallé porque llegué allí con el Celta y eso es lo que realmente me importa. Viví cosas importantes en Vigo, alcanzamos aquella final y tuve la desgracia de fallar el penalti decisivo. Entiendo que la gente me recuerde por eso, pero también es un motivo de orgullo".

Tras dejar Vigo, jugaría con el Elche en segunda división. Sus últimas temporadas en activo estuvo jugando en el Sant Andreu de la Barca de 2ª Regional catalana, club en cuyas categorías inferiores juega su hijo. Después fue entrenador del mismo equipo y actualmente es coordinador del futbol base.

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Alejo: "El Celta siempre está en mi mente"


Foto: Jorge Lens/La Voz de Galicia
Alejo Indias es uno de los grandes jugadores del Celta en los años noventa. Su nombre quedará siempre ligado a la final de Copa de 1994, ya que él fue quien falló aquel penalti que permitía al Zaragoza hacerse con el título. Sin embargo, la carrera de Alejo en el Celta va mucho más allá de aquella pena máxima. La Voz de Galicia publicó este martes una recomendable entrevista a la que podéis acceder a través de este enlace. 

El futbolista extremeño, jugó en las categorías inferiores y de ahí pasado al Figueres, desde donde saltó al Celta en 1992. El ex céltico lo cuenta así: “Estaba jugando en el Figueres, en Segunda, y recibí la oferta con mucho entusiasmo. El director deportivo se puso en contacto conmigo, me encantó la idea y me fui a jugar a Vigo. Tenía 25 años y mi idea era estar el mayor tiempo posible. Jugar en la máxima categoría no era fácil y con la ilusión de echar raíces en el Celta. Fueron cinco temporadas muy buenas”, comentó. 

A pesar de marcharse del club hace 20 años, el extremeño recuerda con mucho cariño al club: “A Vigo me unen dos cosas muy importantes: Una es que estuve jugando en el Celta muy a gusto y muy bien en todos los aspectos cinco años, y la otra que mi hijo Iago nació allí, y por este motivo, el club y la ciudad siempre están en mi mente. Estoy satisfecho y orgulloso de tener un hijo vigués a raíz de la etapa que pasé allí”, comenta al referirse a Iago Indias, jugador del Espanyol B. Como su padre juega de defensa central, aunque también lo puede hacer como pivote. 

El ex jugador reconoce seguir de cerca al Celta: “Siempre estoy muy pendiente, lo veo a no ser que me lo impida el trabajo, y además tengo amigos allí. Nunca he dejado de pensar en el Celta, es un equipo simpático y admirado por la mayoría, así que con más motivos si lo conociste desde dentro”. Afición que intenta trasladar a su vástago: “Hablamos muchas veces del Celta y de Vigo aunque se fuera de allí con año y medio. Ha estado, tiene amigos y vemos juntos algunos partidos. Ojalá haya un vigués más en Primera en el futuro”, comenta. 

Uno de sus mejores recuerdos fue la respuesta de la afición tras fallar el penalti en el Vicente Calderón: “El celtismo estuvo a mi lado y no me recriminó nada en ningún momento. El penalti lo falla el que lo lanza, no una ciudad entera. Puedes acertar o fallar y la afición del Celta lo entendió y no tuvo ningún problema ni en esos días ni en los tres años posteriores en los que seguí jugando en el Celta”. 

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Iago Indias, el hijo "vigués y gallego" de Alejo, también es futbolista


Foto: Atlántico
El apellido Indias no debería resultar indiferente para ningún celtista. Tal vez por seprado no nos diga mucho, pero si delante le ponemos el nombre de pila Alejo, nos llevará a una época que, personalmente, recuerdo con un cariño enorme. Recuerdos que me llevan a visualizar un equipo entrenado por Txetxu Rojo, con Cañizares en la portería, y una pareja de centrales robusta formada por Patxi Salinas y Alejo Indias. Alejo para todo el celtismo. 

Para siempre quedará grabado en la memoria colectiva el penalty fallado en el Vicente Calderón, que ponía fin a la tanda fatídica que privaba al Celta de su primer título oficial en favor del Real Zaragoza. Pero Alejo hizo mucho más que eso durante los cinco años que militó en el Celta, defendiendo su camiseta en más de 150 ocasiones. Casi nada. 

Durante su estancia en Vigo tuvo un hijo, al que llamó Iago. Nombre gallego para un niño vigués. Alejo cerraría su carrera en el Elche, y su hijo, que ahora cuenta con casi 20 años, -los cumplirá el próximo 3 de enero-  también es futbolista, defensa como su padre, y juega en el filial del Espanyol, con quién ha disputado 11 partidos en las dos últimas temporadas. 

El Diario Atlántico se ha fijado en él, y le ha entrevistado ahora que su equipo visitará Balaídos este fin de semana: “Me siento vigués. Igual de querido que fue mi padre allí me siento yo. Soy gallego”. Admite que lleva tiempo sin venir a Vigo, pero le mantiene unido su admiración por el equipo: “Me ha sorprendido. Ya con Luis Enrique dieron un paso adelante y con Berizzo la verdad es que están dando un gran nivel. Pude verlos en el partido ante el Sevilla y con el Barça. Hacen muy buen fútbol, tienen a Nolito en un estado de forma excepcional, al igual que Aspas o Orellana".

Tampoco rehuye hablar de ilusiones: “Me haría ilusión jugar en el Celta, pero por ahora estoy centrado en llegar al primer equipo del Espanyol”, afirma. Podéis leer aquí el resto de la entrevista. 
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Los protagonistas de aquel 20 de abril: Alejo Indias


Este domingo se cumplen 20 años de la participación del Celta en la final de la Copa del Rey ante el Real Zaragoza. Fue un 20 de abril de 1994, una fecha que ya queda muy lejana y en la que el Celta perdió el título en una fatídica tanda de penaltis. Durante estos días vamos a recordar a los componentes de la plantilla que logró la gesta de alcanzar la final del torneo del K.O. 

Alejo Indias Álvarez, aunque es catalán de adopción, nació en Don Benito (Badajoz) el 14 de Octubre de 1966. Formado en las categorías inferiores del FC Barcelona, Alejo, defensa central aguerrido y contundente, fue uno de los titulares indiscutibles de la zaga celeste en la década de los 90. Tras jugar en Barcelona B, llegó al Figueres en la temporada 1989-90, para formar parte de una de las mejores plantillas de la historia del Figueres, la que en la temporada siguiente, 1991-92 jugaría la promoción de ascenso a primera ante el Cádiz, compartiendo equipo con jugadores como Toni Jiménez, Gratacós, el ‘Lobo’ Carrasco, ‘Tintín’ Márquez, o el que sería después compañero suyo en el Celta, Tito Vilanova.

El Real Club Celta, que estaba de vuelta en primera en la temporada 1992-93, refuerza en el mercado de invierno la línea de centrales con la llegada de Alejo Indias. Debutó con el Celta al poco de su llegada, en Balaidos frente al Tenerife, el 20 de diciembre de 1992. Desde su entrada en el equipo, formó junto a Patxi Salinas, una pareja de centrales indiscutible durante varios años.

En las 5 temporadas que jugó en el Celta, disputó 158 partidos de liga en primera división. Su primer gol con la camiseta del Celta lo hizo en Balaidos el 10 de abril de 1994, en la victoria frente a la Real Sociedad (3-2). Anotaría un total de 7 goles en liga en esas 5 temporadas, cifra destacable para un defensa, y que son fruto de su dominio del juego aéreo. Tras su primera temporada en Vigo, el interés del Espanyol por su contratación, llegando a ofrecer 100 millones de pesetas, trajo en jaque al consejo, pues Chechu Rojo había renovado con la condición de que el club no se desprendiera de ninguno de los jugadores considerados importantes para el equipo, y Alejo era uno de ellos.

Pero Alejo siempre será recordado en la historia del Real Club Celta por lo que ocurrió la noche del 20 de abril de 1994 en el estadio Vicente Calderón de Madrid. El Celta disputaba por segunda vez en su historia una final de copa. Celta y Zaragoza jugaron 120 minutos y tuvo que ser, una vez más, la suerte de los penaltys la que nos recuerde qué injusto es el fútbol.

Alejo lanzaba el 5º penalty para el Celta, cogió carrerilla y soltó una patada, más al césped que al propio esférico, mientras el balón se acercaba tímidamente a las manos del meta Cedrún. Luego, con Cañizares bajo palos, el "Paquete" Higuera se encargaba de destrozar la ilusión de miles de celtistas.

La mayoría de bolígrafos y micrófonos buscaron al «culpable» de la noche, a Alejo Indias, que inmediatamente se quitó el peso de encima: «Nada más fallar quise desaparecer, pero unos minutos después comprendí que no era el fin del mundo. Lo siento por los miles de personas que confiaron en mí. Les he fallado. Me repondré».

S.M. el Rey debió imaginar a un Alejo al borde del suicidio cuando le dio este mensaje a Txetxu Rojo en el palco: «Tienes que dar ánimos a ese chico, que está hundido». Rojo, conocedor de lo suyo contestó: «No es él el que me preocupa. Los hay más débiles en mi equipo». Pero la historia de Alejo en el Celta no se terminó aquella noche, ya que seguiría siendo indiscutible, respetado, y ganándose el cariño de la afición, hasta que dejó el equipo al finalizar la temporada 1996-97.

Cuando se cumplían 15 años de la final, el Faro de Vigo entrevistó a Alejo, a quien le preguntaban como llevaba el que siempre le recuerden por el famoso penalti, y él decía lo siguiente: "Es lógico. He sido un profesional del fútbol y eso significa que sucedan estas cosas. El penalti lo fallé porque llegué allí con el Celta y eso es lo que realmente me importa. Viví cosas importantes en Vigo, alcanzamos aquella final y tuve la desgracia de fallar el penalti decisivo. Entiendo que la gente me recuerde por eso, pero también es un motivo de orgullo".

Tras dejar Vigo, jugaría con el Elche en segunda división. Sus últimas temporadas en activo estuvo jugando en el Sant Andreu de la Barca de 2ª Regional catalana, club en cuyas categorías inferiores juega su hijo. Después fue entrenador del mismo equipo y actualmente es coordinador del futbol base.

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El penalti de Alejo se hace mayor de edad


Fue una noche de abril en el madrileño estadio Vicente Calderón cuando el Celta regresó de lleno a la élite del fútbol español. 46 años después de su última aparición en la gran final de la Copa de España, los de Txetxu Rojo se plantaban a orillas del Manzanares ante más de 25.000 incondicionales que viajaron a Madrid desde la ciudad olívica para empujar a los suyos con su aliento. Yo era por entonces un simple adolescente que comenzaba a saber de qué iba realmente esto del fútbol. La emoción del momento suele impedirnos el disfrute de los grandes momentos y solo la perspectiva del tiempo hace que todo se vea con la dimensión precisa. 

Hoy, 18 años después de aquel día, todo se ve con mayor claridad. El partido, las eliminatorias previas, la reacción de la gente cuando regresó el equipo a Vigo. Todo merece la pena ser recordado aunque el resultado no haya sido el que todos quisiéramos. Con todo, fue un resultado menos amargo que la derrota en Sevilla siete años después ante el mismo rival. Aquel Celta era un equipo humilde, que seguía con el ascensor y de vez en cuando estaba en Primera y, a veces, las menos, jugaba en Segunda. Era un equipo repleto de pundonor, liderado por Vicente, ese gran capitán que, bigote en ristre, ponía firmes a todos los mediocampistas de la Liga. A su lado Engonga, en quién ya se podía intuír el talento que luego le hizo internacional, algo que ya era Otero, que jugó el mundial de ese mismo año, y, por supuesto, Cañizares, salvador de Clemente en aquel partido a vida o muerte ante Dinamarca y que certificó la clasificación de la selección española para ese mundial. 

Era un Celta humilde pero no exento de calidad. Para eso estaba Andrjasevic, pundonor y garra al servicio de una gran inteligencia futbolística. Claro que todo era más fácil cuando por la izquierda entraba Ratkovic para amedrentar a los rivales a base de zurdazos, y en punta estaba Gudelj, letal, matador, acompañado de Losada, un jugador que logró en Vigo lo que no había hecho en sus anteriores equipos y alcanzó un reconocimiento justo. 

Pero todas esas cosas a un chico de 16 años no le importan. Los detalles técnicos se quedaban atrás. Lo que importaba es que el Celta, sí, el Celta, estaba compitiendo de tú a tú con el Real Zaragoza y que en el palco de ese estadio había una Copa que podía ser nuestra. Es difícil expresar lo que sentimos aquel día todos los que vivimos de una u otra manera el partido. Un partido eterno, con ocasiones en ambas porterías, con Cañizares en plan salvador y con Cedrún haciendo demasiado bien su trabajo. 90 minutos son muy largos, como diría Juanito, pero si le añadimos los 30 de la prórroga pueden ser eternos.Y lo fueron. 

Y tras la eternidad llegó la tanda de penaltis. En realidad no debió durar ni diez minutos, pero en mi memoria, esa tanda de penaltis se ha transformado en horas. El momento en el que Alejo camina hacia el balón, el momento en el que chuta... lo he visto tantas veces que podría imitar paso a paso sus movimientos. Y aún hoy, cuando lo vuelvo a ver, tengo la esperanza de que ese balón besará la red. Pero no lo hizo. Hoy, el penalti de Alejo se hace mayor de edad y creo que ya es momento de que sea libre, de que abandone el nido y deje paso a otros penaltis de esos que por muchos años que pasen siempre acaben entrando. 





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