Con cara de sorpresa


Cuando ayer veíamos cada acción del Eibar finalizada por un tal Adrián González, muchos no se acordaban de que aquel futbolista vistió la camiseta del Celta hace 9 años. Unos porque son muy jóvenes o no seguían al equipo en la travesía por el desierto de la Segunda División, y otros por esa habilidad que tiene el cerebro para olvidar las vivencias más duras. 

Pero aquel chico, que portaba el número 24 del Eibar, vistió con muy poco éxito la camiseta del Celta en la Temporada 2007-08. A Vigo llegó recomendado por Ramón Martínez, por entonces director deportivo del club, con la vitola de ser el hijo de Míchel -de ahí el apodo de Michelito- y sin más bagaje que un año en Segunda División con el Real Madrid Castilla a las órdenes de su padre. 

Por entonces era un prometedor centrocampista, que aún pertenecía al Real Madrid donde triunfó su progenitor, que apuntaba muy alto en el fútbol español. Pronto se pudo intuir que ese no sería su destino, pero durante sus meses en Vigo parecía que su destino estaría en el Torrijos, donde finalmente acabó el infeliz de Julián Vara. A pesar de que la cesión era por un año, Adrián se marchó en las navidades al Nàstic de Tarragona, donde al menos tuvo mayor continuidad jugando mucho en la segunda vuelta. 

Sorprendentemente, al año siguiente debutó en la máxima categoría, en el Getafe, al que mediada la temporada llegó su padre como entrenador, en lugar de Víctor Muñoz, que entrenó las 33 primeras jornadas. Aquel año jugó 5 partidos, 2 de ellos con su padre en el banquillo, al siguiente 25. Pero seguía sin demostrar gran cosa. 

Lo mejor que le pudo pasar fue deshacerse del influjo de su progenitor. Se marchó al Racing de Santander, donde estuvo dos años jugando con cierta regularidad, de ahí al Rayo Vallecano, hasta llegar al Elche, donde Fran Escribá retrasó ligeramente su posición y lo centró en el terreno de juego encontrando su posición. En el Martínez Valero vivió su mejor temporada, teniendo continuidad el pasado año con el Eibar con una posición un poco más adelantada. Ayer fue uno de los mejores del equipo azulgrana. 

Aquel jugador apático, que llegó a Vigo con aires de estrella y un rendimiento impropio de un jugador de Segunda División, se ha transformado con los años en un efectivo futbolista para equipos de media tabla como el Eibar. Y nosotros con cara de sorpresa. 

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