Rossi corta la hemorragia


ERIC VIDAL

No fue el mejor regreso a Europa League. Lo contrario hubiera sorprendido visto el despliegue de fichas de Berizzo. En una maniobra arriesgada, el técnico argentino introdujo hasta cinco novedades en el once, además de un cambio de dibujo, que minimizaron las prestaciones del conjunto vigués ante un rival sin excesivo nivel. No salió bien y pudo ser peor. Sólo un lejano tiro de Rossi, el mejor del partido, evitó el naufragio en la capital de Valonia en la vuelta diez años después a las competiciones europeas. El italiano, acompañado por el siempre fiable Tucu Hernández, sujetó a un Celta impreciso en defensa, desabastecido en el centro del campo y sin excesivo acierto arriba.

Las rotaciones son necesarias, incluso obligatorias para una plantilla como el Celta en una temporada como ésta. No obstante, el rotar por rotar no tiene sentido. Todo precisa un equilibrio. El Toto realizó el jueves cinco cambios en el once (seis de no mediar el error de Gudelj con Fontás), de entre los cuales había tres futbolistas que no habían ni debutado esta temporada. Lemos, Naranjo y Costas. De Segunda a un escenario europeo sin nada de por medio. No parece la mejor forma de introducirlos en dinámica. Menos todavía si comparten juntos la primera experiencia y en un esquema atípico. Salvaron la papeleta como pudieron, en especial Lemos, que estuvo entre los destacados. 

Costas, en cambio, queda manchado por el error del primer gol. Al margen de su propia responsabilidad en los fallos, que la tiene, Berizzo nunca le ha ayudado a crecer. Ha contado con él poco o poquísimo, y siempre en escenarios nada amables que dificultan su progresión. Al margen de aquel Celta-Sevilla de 2015, donde cuajó su mejor actuación como celeste ante la ingente cantidad de bajas que tenía aquella tarde el equipo, el resto de oportunidades brindadas por el Toto han sido como lateral derecho o en una defensa de tres centrales. Nunca en partidos más cómodos, arropado por Cabral en el centro de la zaga. Rotar también es eso. No se trata de cambiar de nombres por cambiar, sino de buscar un ecosistema que ayude a los nuevos a rendir como los que han salido del once.

Otro de los problemas llegó por el medio. El técnico argentino intensificó su apuesta por las áreas, esta vez para ganar presencia en la propia ante la envergadura de la delantera rival, y en perjuicio del centro del campo, donde sólo campaban Radoja y el Tucu. Salió cruz, pues lejos de mejorar las prestaciones defensivas, el Celta en ningún momento controló el partido. No más de 20 minutos después del gol en contra, cuando el Tucu se hizo enorme y Rossi consiguió empatar. Es quizás el aspecto más preocupante de este inicio de temporada. Berizzo parece decidido a redoblar la apuesta del fútbol directo de la pasada campaña. Una apuesta que promete emociones fuertes, en la que el mediocampo no es más que un área de paso, y que sirvió entonces para ser una potencia ofensiva de la Liga, pero también uno de los conjuntos más goleados del campeonato. Nolito no está, y se antoja complicado mantener el punch en zona atacante, lo que multiplica el riesgo de salir herido en el intercambio de golpes. Quizás convenga un mayor control de la escena, un centrocampista más que le dé pausa y reduzca el vértigo, aunque el fútbol vertical siga siendo el primer mandamiento de la escuela totista. 

Pamplona como próximo destino. El gol de Rossi detuvo la hemorragia de un Celta que debe recuperar el sabor de las victorias. Con el italiano será más fácil. Se le ven pinceladas de gran futbolista, detalles de un brillante intérprete de este juego. Igual que a Iago Aspas. Puede que ambos inicien en El Sadar el domingo para alcanzar por fin la primera victoria del curso. Un triunfo que sería balsámico antes de la visita del Sporting y el viaje a Cornella. De lo que ocurra en estos tres encuentros dependerá y mucho el planteamiento de Berizzo para la próxima aventura europea ante el Panathinaikos. El jueves, en Lieja, sólo Rossi y el Tucu le dieron sentido al carrusel de rotaciones.


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