La paradoja celeste


EFE

Doce de la mañana de un domingo, Pamplona. Saltan al campo Pedro Pablo Hernández, Daniel Wass, Josep Señé, Theo Bongonda, Iago Aspas y John Guidetti. Son el arsenal ofensivo celeste sobre el tapete del viejo Sadar. Un ex-mediapunta, tres antiguos extremos y dos delanteros centro. A Berizzo únicamente le quedaba colocar a Pione Sisto y Naranjo en los laterales y retirar a Sergio del campo. Una propuesta ultraofensiva para hacer frente al trauma del casillero vacío en el inicio de una cuarta jornada. No fue suficiente. Durante dos horas, el Celta más ofensivo que se recuerda no consiguió encontrar el camino del gol. Delanteros y delanteros para tropezar siempre ante Mario y los postes de su guarida. Una paradoja que sólo encuentra lógica en la ilógica del fútbol.

Acostumbra a sufrir el Celta cuando superpobla la delantera y desguarnece el centro del campo. Ayer no fue así. Interpretó bien Berizzo la magnitud del adversario. Osasuna resultó ser un rival muy dócil que no supo extraer ventaja de la batalla cuerpo a cuerpo que le gusta plantear al técnico argentino. Mordió en el inicio, pero pronto se achicó en torno a su área. Dejaba espacios suficientes y vivía muy lejos de Sergio, lo que se tradujo en comodidad celeste tanto para atacar como para defender. Cabral y Roncaglia sostuvieron perfectamente el pelotazo a Oriol Riera y Riviere. Y el Tucu, de nuevo imperial, gobernó la pelota. Pape y Marcelo Díaz vieron el partido desde la grada, Radoja desde el banquillo. El Toto mantiene su apuesta por la delantera en detrimento de la medular. Con el Tucu parece bastarse en esa zona. Sirvió en Pamplona, pero no siempre será así.

El problema celeste no estaba en controlar el partido, como otras veces. El problema era decantarlo. No había dificultad para generar ocasiones, sí para cristalizarlas. Aspas, Guidetti, Señé, Wass,  Bongonda, Cabral, Rossi... Fueron muchas y muy variadas, amén de un penalti obviado por el colegiado y un par de fueras de juego mal señalados que dejaban en ventaja a los visitantes. No hubo manera de encontrar portería. A veces Mario, a veces el poste, le negaban al Celta lo que merecía. 

Poco entonces que reprochar. Únicamente que Berizzo mantuviese hasta el final a Bongonda, quizás el más flojo del grupo, y volviese a apostar por Pione Sisto en el costado derecho. Parece evidente que el danés no se encuentra cómodo en ese perfil, pero por ahí sigue insistiendo el Toto, seguramente por reconocerle al belga la jerarquía ganada este último año y medio. No encuentra salida Bongonda más allá de ese regate hacia fuera en carrera. Se opaca al llegar al área, restando las asistencias y el gol de antaño. Es normal hablando de un chico de 20 años que debe seguir evolucionando. Igual que Señé, con más aciertos fuera que dentro de la caja mágica. Tampoco estaba Orellana, y Aspas jugó pegado a la banda. Con problemas de gol, igual no es la mejor idea alejar a tu máximo goleador del área. Tampoco dejar al segundo con más capacidad, al menos así lo dice el historial de Rossi, en el banquillo. 

Sólo queda seguir empujando para derribar la puerta del primer triunfo. No hay otra. El miércoles llega el Sporting y no debe aguardar más. Se espera que Berizzo, que si de algo carece es de miedo, redoble su apuesta para luchar contra la irracionalidad del balón. Delanteros y más delanteros, y el Tucu para sostenerlos a todos. Veremos si funciona o no. 


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