Casi


MARCA

Han transcurrido cerca de 24 horas desde que el mercado de fichajes cerrase sus puertas hasta el próximo invierno. Lo hizo tras una última jornada loca, como es habitual. Para casi todos menos para el Celta, lo que también es habitual. No es amigo Mouriño de demasiadas aventuras en el descuento estival. Son varios veranos ya en los que se espera un último fichaje sobre la bocina que nunca llega. Ni aquel segundo delantero en el año de Luis Enrique, ni el hombre de banda la temporada pasada, ni el mediapunta que reclamaba Berizzo para este curso. No va a llegar nadie porque sí.

Como siempre, será finalmente el año el que concluya la idoneidad o no de una plantilla. No obstante, nunca sobra un análisis inicial aun a riesgo de que el tiempo le termine a uno pintando la cara. El Celta ha confeccionado un buen grupo para lo que se le avecina, pero ha dejado la sensación de no haber redondeado el trabajo, y sobre todo de no haber sido extremadamente fiel a las peticiones de su técnico. 

Berizzo solicitó en junio un total de cinco incorporaciones. Quería un portero, un central, otro central que pudiese jugar de lateral, un hombre de banda y un 10. Este último casi como requisito ineludible. El propio Mouriño llegó a decir en rueda de prensa que era el fichaje prioritario tras el cual llegarían todos los demás. Unos meses después han llegado dos de esas solicitudes, y ha regresado la tercera. Roncaglia es ese central experimentado que también puede adaptarse al lateral. Pione Sisto, a quien el Celta seguía desde hace tiempo, es el banda derecha que mitigue la ausencia de Beauveu. Y David Costas, tras su periplo en Mallorca, el central que complete la defensa a la espera de la recuperación plena de Fontás. Han llegado también Naranjo y Lemos, dos promesas de Segunda destinadas a completar la plantilla, pero que parecen más apuesta del club que petición del entrenador. 

Así pues, faltan el portero y el 10. El club se impone en el tema de la portería y ratifica su confianza en Sergio y especialmente en Rubén. Ni Baroveros ni Diegos López. Es el puesto en el que Casa Celta más ha defendido a su cantera. Se puede compartir o no, pero se debe respetar porque hay una apuesta del club que viene de muy atrás: A Madroa bajo palos. 

El problema llega en la mediapunta. Ahí se pretendía el salto de calidad, por eso se fue primero a por Ljajic y después a por Praet. Seguramente Berizzo vuelva a concebir a Orellana en la banda y quisiese un acelerador del juego en esa zona que también encontrase fácilmente la portería rival. Pero no se consiguen jugones a cuatro duros. El Celta ya lo sabe. No quiso abonar los 10 millones que le solicitaban por el serbio y el belga, ni tampoco los 7'5 por los que se fue Stanciu al Anderlecht. Tampoco incluso, a última hora, el elevado sueldo de Rafinha. Prefirió, una vez más, no arriesgar. Y en ese perfil encajó Rossi, un futbolista fantástico venido a menos por las lesiones. No es el 10 que reclamaba Berizzo, pero con él y su inteligencia para adaptarse se tendrá que apañar al menos hasta enero.

Casi. Esa es la conclusión a primera vista. Se han ido Álex López, Madinda, Drazic, pero sobre todo Nolito. Y con el gaditano los 10 goles y otras tantas asistencias por temporada. En lugar de contratar a alguien cercano a esas cifras, el Celta ha depositado su confianza en una joven promesa de la liga danesa con unos informes brillantes, y en un excepcional futbolista al que las lesiones han lastrado enormemente. Arriesgado, quizás sin necesidad en el año de la mayor venta de la historia y con el alza en los ingresos televisivos, pero no sería la primera vez que sale bien. Se quedan los Aspas, Orellana, Cabral o Hugo Mallo. El tiempo dirá si la prudencia ha sido acertada o no.

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