El día que Orellana rompió el sueño del Celta


Hoy se cumplen cinco años de la fatídica noche de Los Cármenes, que cerraba de forma dramática una ilusionante temporada que había llevado al Celta a pelear por el ascenso después de varios años dando pena en la categoría de plata, más pendiente de la permanencia que de la lucha por regresar a la categoría que le corresponde por historia. 

Más allá del penalti de Michu, o del de Catalá, bastante menos famoso por cierto, queremos centrar hoy el recuerdo en el quinto aniversario de aquella fecha en el autor del gol granadinista, que llevaba el partido a la prórroga, y que a la postre acabaría eliminando al Celta. 

Por aquel entonces apenas conocíamos a aquel menudo jugador chileno que se movía por cualquier posición del campo, sin quedar claro cual era su ubicación real. Transcurría la primera mitad cuando Fabián Orellana remataba un centro desde la banda con la cabeza, poniendo el 1-0 en el marcador, con mucho partido por delante. 

De aquel jugador seguramente no nos acordaríamos hoy de no ser porque un mes después fue presentado por el Celta en el Hotel Pazo Los Escudos, de Alcabre, arrancando, aún sin saberlo, una de las leyendas del club vigués. Orellana milita en el Celta desde entonces, con un breve periodo en el Granada, que lo reclamó tras la cesión en la temporada del ascenso celeste. Lo que pasó con Orellana vestido de celeste es de sobra conocido por todos nosotros. 

Clave en el ascenso de 2012, y en el salto de categoría que ha dado el equipo en el último lustro. Ganó el Manuel de Castro en 2015, y fue el número 1 del Ranking MoiCeleste en la Temporada 2013-14, además de quedar tercero y segundo respectivamente en los dos últimos años. Es historia viva del Celta, algo que ninguno de nosotros hubiera imaginado en aquel caluroso sábado de junio cuando un pequeño jugador del Granada celebraba un gol que nos dolía mucho.  Aquel día rompió nuestro sueño, pero nos ha hecho soñar durante cinco años. Y lo que queda. 

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada