Como conocí a vuestro equipo


Cuando el Granada se presentó en el play-off de ascenso a Primera División de la Temporada 2010-11 era apenas una desconocido para la afición céltica, que no se había cruzado con el club nazarí en los últimos 26 años. Desde entonces, mientras los andaluces habían navegado por Segunda B o Tercera, el Celta había estado siempre en las dos principales categorías, y durante seis años consecutivos en Europa. 

Eran dos equipos totalmente opuestos. Uno recién ascendido a Segunda, y otro jugando contra natura en una categoría que le resultaba extraña. No había antecedentes históricos de enfrentamientos entre ambos equipos que se recordasen, así que para la gran mayoría de los aficionados célticos, aquel play-off sirvió para conocer al Granada como rival y como equipo. 

Menuda manera de conocerse… ya antes de comenzar la eliminatoria hubo unas declaraciones de algún jugador en las que aseguraban haberse dejado perder en la última jornada para cruzarse con el Celta, a quien consideraban el rival más débil de la promoción. Durante el partido de Balaídos hubo piques. Nada que ver con la vuelta, una auténtica encerrona iniciada por el club, que pidió sangre en su página web después de un encontronazo entre Iago Aspas y Roberto Fernández, el meta andaluz. 

No es de extrañar que la afición granadina recibiese al Celta con carteles con el lema “Se busca” en referencia a Iago Aspas. El autobús de los vigueses sufrió los rigores de una afición que no se había visto en otras. Volaron piedras, palos y botellines de cerveza. La afición celtista fue recibida de forma hostil, algo que se extendió también a la prensa. 

Ya en el partido, constantes provocaciones, un arbitraje muy muy extraño, y los malditos penaltis que condenaban al Celta a seguir un año más en la categoría. Aquella toma de contacto con el Granada fue horrible. Luego volvió a haber muchísima polémica en la eliminatoria que llevaría a los andaluces a Primera ante el Elche, que tuvo que viajar desde Granada hasta casa con el autobús sin lunas. 

Luego llegarían el paragüazo a un asistente, el lanzamiento de una botella de Dani Benítez al árbitro de un partido, y otros actos vergonzantes de un equipo que llegó a la élite demasiado pronto y con demasiado “rianxeiro” haciendo daño a su equipo. Los años han pasado y todo se ha relajado. Desde allí llegaron Orellana y Nolito, dos jugadores claves para nuestro equipo, y las rencillas parecen estar olvidadas, o tal vez no. 

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