Insoportable centenario



El celtismo ha asistido con impotencia a otro capítulo de esta serie de terror en la que se está convirtiendo la temporada del centenario. Después de aplazar la apuesta del club para regalar un centenario inolvidable a la afición, primero era en la Temporada 2022-23 según comentó en su día Carlos Mouriño, finalmente todo quedó para este curso en el que para empezar el club apostó por un entrenador de reconocido prestigio en la figura de Rafa Benítez. 

El preparador madrileño fue el fichaje más ilusionante del verano, y si el entrenador es la gran esperanza el resultado puede ser bastante frustrante, especialmente cuando el historial de Benítez no hablaba de un técnico que enamorase a su afición por su juego. El Celta, en cierto modo, traicionó su historia reciente apostando por un entrenador que hace prevalecer el resultadismo sobre el espectáculo. El problema es cuando no hay ni resultados ni espectáculo. 

Lo de hoy ha sido la última exhibición de los nuestros, el último ejemplo de cómo no hacer las cosas. Ponerse en el marcador con un 0-2 a favor, con media hora por delante, ante un equipo muerto, que no gana desde el 1 de septiembre, que acumulaba 900 minutos sin marcar un gol en jugada, ante una afición hastiada que empezó a abuchear a sus propios jugadores, es la situación que cualquiera hubiera firmado antes de comenzar el choque. Y es una situación que solo un equipo muerto dejaría escapar. 

Ese equipo muerto es el nuestro, queridos celtistas, que entendéis el sufrimiento que estamos compartiendo esta temporada. Y no es que no sepamos que ser celtista va de sufrir, pero lo de esta temporada es otra cosa. No se le puede negar la actitud al equipo, pero falta concentración en momentos puntuales, y el estilo de juego no ayuda. No ser capaz de controlar un partido en el que se va ganando 0-2 ante un equipo roto, es un fallo garrafal que no se debe consentir más. 

La configuración del equipo durante el verano fue muy mala, y en invierno llegaron tres jugadores, ninguno de ellos con capacidad para ayudar en el control del juego, de lo que se deduce que el cuerpo técnico, que participó activamente en la captación de talento, no tiene ningún interés en este tipo de futbolistas. En la plantilla solo hay un jugador con esa capacidad, Hugo Sotelo, y llegamos al mes de marzo sin el necesario rodaje para que el canterano pueda asumir esta responsabilidad a estas alturas. 

Por eso el Celta es incapaz de controlar un partido ni tan siquiera ante un equipo roto, y por eso encaja tantos goles en los últimos minutos. No se trata de preparar a los jugadores para situaciones de estrés, se trata de evitarlas, y esto se consigue teniendo el balón lo más lejos posible de nuestra portería. Si entregamos el campo y los metros al rival, lo lógico es que acaben llegando las ocasiones y con ello aumentan las opciones de fallos de concentración, o incluso de la mala fortuna que también ha aparecido en ocasiones. Lo que está claro es que este proyecto está acabado. Solo cabe esperar que el proyecto no acabe con el equipo. 

Y eso que si analizamos objetivamente lo sucedido hoy, no es mal resultado a la vista de los méritos de ambos equipos, y un empate no era malo a priori, ya que se mantiene la renta con el descenso descontando una jornada, pero una cosa es lo que parecía a priori, y otra es lo que sucedió el campo. De este partido sale mucho más reforzado el Cádiz, y eso es muy peligroso para el futuro. 

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