Un capitán que representa al celtismo


Foto: Miguel Riopa/Getty Images
Convendría poner cuanto antes en valor la labor de un capitán de un equipo de fútbol. A lo largo de la historia, el Celta ha tenido muchos capitanes, cada uno con sus características, tanto futbolísticas como de carácter. Los ha habido más retraídos, de los que hablan en el campo, de los que prefieren hacerlo en el vestuario, o los que gestionan a un grupo simplemente con hechos. 

Pero después de muchos años, el equipo celeste ha logrado tener un capitán a la altura del club. Hugo Mallo representa muchos valores que defiende el Celta. La honestidad profesional, la calidad técnica, ser un joven valor de la casa, y la afouteza, que lleva a todos los sitios donde va. 

La temporada que está haciendo el de Marín está siendo impresionante, seguramente su año más completo desde que llegase al primer equipo hace casi ocho años. El brazalete de capitán le ha dado alas, lo ha impulsado, y él, a su vez desde ese puesto, ha impulsado al equipo a cotas inimaginables hace menos de un lustro. 

Esa es la labor de un capitán, que se deja el alma y la piel en cada encuentro, que juega donde lo ponen y cuando lo ponen, y que no tiene en toda la plantilla un futbolista que se le asemeje. El ejemplo del jueves abunda en nuestra argumentación. Disciplinado como pocos, aceptó el rol que le propuso Berizzo y lo defendió por encima de cualquier otra consideración. Cumplió, que no es poco, y cuando tuvo que volver al lateral derecho lo hizo como de costumbre. 

Además, su relación con la grada y con el escudo que defiende, es inmejorable. A un capitán se le pide lealtad. Es lo más grande que puede tener. Hemos visto casos recientes en los que no ha sido así. Hugo Mallo tuvo muchas ocasiones en el pasado para salir del Celta, y las tendrá en el futuro, pero siempre encontró una excusa para quedarse, incluso desatendiendo el consejo de su entorno. Estoy seguro de que en el futuro seguirá encontrándolas. 

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