Balaídos se acostumbra a ganar



Sin jugar bien, sin merecerlo. Así ganó el Celta al Valencia un partido parejo, un tanto gris, agitado por la inoperancia arbitral, y que cayó del lado vigués por esos intangibles que explican dinámicas positivas y negativas, rachas buenas y malas. El Celta, el de Balaídos, está en la cresta de la ola. Suma cuatro victorias consecutivas en su estadio en liga. A ello hay que sumarle el triunfo europeo ante el Panathinaikos. Tras iniciar con dos tropiezos, se ha hecho fuerte a orillas del Lagares. Ya han caído el Sporting, el Barcelona, el Deportivo y un Valencia inmerso en la búsqueda de sí mismo. Necesita todavía tiempo para acostumbrarse a ganar, algo que ya ha conseguido el Celta, al menos en casa.

Foto: Ricardo Grobas/Faro de Vigo
Y eso que el primer enemigo fue el césped del coliseo celeste. Balaídos vuelve a presentar un tapete irregular, dañino para los intereses del equipo al que acoge. No obstante, supo adaptarse a la situación el Celta. Berizzo apostó por Guidetti en punta y Aspas en una banda para darle sentido a un fútbol más directo. El sueco, voluntarioso e irreductible, sigue sin compensar todo lo que se pierde con su compañero de Moaña en banda. Sin embargo, sí encontró el gol que premió su esfuerzo en una jugada de pizarra, aunque el Toto diga lo contrario, que el recién incorporado Marcelo Díaz canalizó desde la esquina del campo hasta la cabeza del delantero nórdico. Su entrada por un mermado Radoja, junto a la evolución de un Tucu gris en el primer tiempo, inclinó el campo hacia la portería ché en los momentos en los que se decidía el resultado.

Antes, el Valencia fue capaz de rondar a Rubén más que el Celta a Diego Alves. Se aprovechó de la inactividad de Costas, quien padeció a Rodrigo en el primer acto y terminó cometiendo un penalti innecesario. Después, con el paso del tiempo, se entonó y acabó firmando una actuación potable, pero necesita más minutos, más confianza y crecer al lado de una defensa más asentada, no del arsenal de circunstancias que tuvo que poner ayer Berizzo en liza. 

En esa defensa deberá estar Roncaglia, cada día más firme y seguro. Defensivamente es un muro difícil de quebrar por alto, por bajo, en el cuerpo a cuerpo y en el uno contra uno. Si encima ayuda en ataque, su presencia se antoja indispensable. El gol, al filo del descanso, despeja el panorama para el Celta y permite la remontada posterior. Al igual que la parada de Rubén Blanco inmediatamente después. Sobriedad y seguridad. No se le pedía más y lo dio. Merece que Berizzo le entregue la portería sin condiciones en el medio plazo para probar su verdadero nivel.

Toca descansar. El ajetreo se detiene a la espera del último atracón antes de Navidad. Liga, una eliminatoria de Copa y el partido ante el Standard. Cabe esperar que Berizzo invierta el orden de prioridades esa noche. La ocasión lo merece. El Celta es octavo a 2 puntos de los puestos europeos. Está donde debe estar y con margen y capacidad suficientes para poner la vista en Europa sin descuidar la competición doméstica. Balaídos, que empieza a acostumbrarse al dulce sabor del triunfo, espera por esa victoria definitiva.

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