La maldición chilena


Las convocatorias de la selección chilena causan sudores fríos entre los aficionados célticos, que padecen una especie de traumatofobia en piel ajena cada vez que Juan Antonio Pizzi anuncia la lista de convocados. Y es que el Virus FIFA parece concentrarse de forma diabólica en el Complejo Deportivo Juan Pinto Durán, donde la selección sudamericana tiene su base. 

Las últimas inmersiones de los tres jugadores celestes con la selección chilena han sido accidentadas. Ya desde la llegada de Marcelo Díaz a Vigo, un jugador bastante proclive a las lesiones, se han repetido las malas noticias. El pivote llegó al Celta lesionado, y tras recuperarse volvió a recaer en su primera convocatoria con Chile desde su llegada. Este verano, durante la Copa América, rizó el rizo de la mala fortuna lesionándose dos veces. No pudo ir a los partidos de septiembre por lesionarse en un entrenamiento con el Celta. 

Tampoco se ha librado Fabián Orellana de la maldición. El atacante celeste, que en cinco años con el  Celta solo se ha lesionado una vez, lo hizo durante un entrenamiento con su selección, y se perdió todos los partidos del mes de septiembre. Se espera que vuelva ante el Villarreal el próximo domingo. 

Y ayer le llegó el turno a Pablo Hernández, que ya se perdió parte de la pretemporada celeste por una lesión sufrida durante la Copa América con la selección chilena, y que ayer volvió a dar un susto con otra lesión. El Tucu arrastraba unas molestias del calentamiento previo ante el Sporting en una de sus rodillas, de las que parecía estar totalmente recuperado. Ahora tendrá que esperar unas dos o tres semanas para volver a jugar. 

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