"Historia de una trola" por Alex de la Rola


Foto: RC Celta
Tenéis a vuestra disposición nuestro correo electrónico (info@moiceleste.com) para hacernos llegar vuestras inquietudes, y también, si así lo deseáis, para enviarnos algún escrito que queréis que publiquemos. En este caso nos ha escrito Alejandro Román, que habla sobre la posible venta del Celta en un texto de recomendada lectura. 

Cuando era joven, trabajé en una empresa en la que los más veteranos me contaron con mucha guasa cómo consiguieron engañar a los americanos. La empresa era joven y modesta pero ambiciosa gracias al carácter de su líder, un incipiente y ultra religioso emprendedor. La fábrica era pequeña y vieja pero su líder era avispado y joven. Este quería la patente para España de una firma americana y entabló conversaciones con ella. Como último trámite, los americanos decidieron enviar una delegación a conocer, in situ, al posible nuevo socio español.

La realidad, obviamente, no estaba a la altura de las loas manifestadas, por lo que se empezó a tramar el engaño: Cuando los americanos llegaron a España, además de enseñarles la vieja fábrica los llevaron a ver las obras de la “nueva factoría” que se estaba construyendo en un pueblo cercano. Por un módico precio, las obras de unas naves de otros pasaron a ostentar, un nuevo letrero que convertía en propietaria de las mismas a mi empresa, por unos días. Además, se alquilaron oficinas de alto standing en el centro de la ciudad, y se contrataron figurantes escribiendo a máquina, hablando por teléfono en varios idiomas, etc., para impresionar a los americanos (a estas alturas, el gran líder ya ambicionaba conseguir la patente no solo para España, sino para toda Europa). 

En momentos de relax, fui testigo de las chanzas, entre carcajadas, de los más veteranos: “Y tú, Ramón, pagabas en mano, en la escalera, a los figurantes”. Obvia decir que la patente se consiguió para toda Europa (mercado residual para los soberbios americanos de la postguerra mundial), y que ese logro resultó decisivo para que hoy la empresa sea una multinacional muy importante con tecnología propia.

Moraleja: A veces, una buena trola resulta imprescindible para un gran negocio.

Hoy, el Sr. Mouriño nos ha puesto en una disyuntiva que suena a chantaje: “O me vendéis el estadio de Balaídos, o vendo el Celta”.

Aclaremos primero algunas obviedades: Aunque el Celta es, en el sentimiento, de muchísimos gallegos, en la práctica, con las leyes del mercado en la mano es, básicamente, del Sr. Mouriño. El estadio, por su parte, es del Concello, que nos representa a todos (de hecho, nosotros elegimos a los representantes del Concello). El estadio pues, es nuestro. Mientras el estadio sea del Concello, seguirá siendo nuestro. Durante el pasado concurso de acreedores, sin ir más lejos, si el estadio hubiera sido del Celta, podría haber pasado a otras manos (y no habríamos podido elegir a cuáles).

Las condiciones del convenio de cesión del estadio son muy favorables para el Celta (el Celta es un gran embajador de la ciudad, y el Concello lo sabe) pero ¡Ay! Incluyen una clausula que permite al Concello anularlo si se produce un cambio sustancial en la propiedad del Celta (¡UN DIEZ PARA EL CONCELLO!). O sea que, si a nosotros no nos gusta el cambio de propietario del Club, podemos revisar las condiciones del contrato de cesión del estadio, o incluso anularlo.

Por lo tanto, un posible comprador se preguntará ¿y si yo no le gusto al Concello?, es decir, a nosotros, a los celtistas. Parece lógico que le ponga pegas al vendedor y le sugiera que intente eliminar esa barrera o se olvide del negocio. Quizás algo así ya haya pasado, o simplemente nuestro jerarca haya previsto que pueda pasar.

A partir de ahí empecemos a montar “La Trola”. Hacemos correr el rumor de que el Club va a ser vendido (seguramente haya habido verdaderos intentos de hacerse con él). Se agranda el bulo con especulaciones. Se filtran rumores: primero que si 50 millones, luego 60, después 80, más tarde 100, 120, e incluso he leído que 150 millones de euros. ¿Quién puede creerse que alguien sensato (y los que tienen dinero suelen serlo porque se pueden pagar muy buenos asesores) puede dar ese dinero por el Celta? 

¿Dice algo el Sr. Mouriño cuando los rumores se desbocan?: Ni mu. Parece que interesa no salir al paso, para que la bola crezca sola. Entonces aparecen los figurantes que se acercan a La Madroa y a la nueva sede en Príncipe ¿y qué hacen?: Nada. Se conforman con que los localicen los medios y los retraten para aparecer, bien guapos y sonrientes, en las portadas de todos los periódicos. La bola sigue creciendo en favor de quien esté interesado en ello. El asunto es noticia en diarios nacionales y extranjeros. La controversia, a todos los niveles, se dispara; no hay cristiano por estos lares que no se haga la boca lenguas con el futuro del Celta. Algunos timoratos dicen que puede ser buena la entrada en el Celta de un grupo extranjero (¿con qué intenciones? ¿Qué sienten ellos por el Celta? ¿Cómo piensan amortizar su insensata inversión?). 

Por fin, cuando parece que ya no quedan más recursos de efecto (o piensan que ya no hacen falta más), anuncia el Sr. Mouriño una rueda de prensa en la que nos amenaza con vender el Club si el Concello no le “vende-regala” el estadio. Los más sensatos (a la cabeza el Alcalde) dicen que el estadio es nuestro (lo único que nos queda) y no se “vende-regala” a nadie. Bien.

Debemos ser agradecidos y reconocer que al Sr. Mouriño le vendieron una manzana podrida, como él mismo ha dicho. Que cercenar esa podredumbre nos llevó al concurso de acreedores. Que este se gestionó muy bien. Que el Sr. Mouriño apoyó al club con préstamos a largo plazo (¿qué otro presidente en la historia del Celta hizo tal cosa más allá de apoyos puntuales para pagar una nómina?). Lo pasamos mal en segunda, pero finalmente su eficiente gestión permitió sanear el club, subirlo a primera y recuperar el nivel perdido, estando ahora mismo disputando otra vez la Europa Ligue. UN DIEZ PARA LA GESTIÓN DEL SR. MOURIÑO. Siempre le he defendido, hasta ahora, porque las críticas me parecían injustas, algunas absurdas.

Pero ahora pretende capitalizar sus méritos y rentabilizarlos con la venta del club a cualquiera (al mejor postor) y para eso necesita la propiedad de Balaídos. Sin ella ¿quién se arriesga a invertir cantidades millonarias no siendo gente de Vigo o Galicia, que pueda generar confianza en el propietario del estadio, el pueblo de Vigo? Con ella, pelotazo al canto.

El Sr. Mouriño quiere negocios, dice que para el Celta; bien. Pero cuanto mejor le vaya el negocio al Celta más se revalorizarán sus acciones, cuyo destino, antes o después, es ser vendidas al mejor postor. Por eso, pensando en el futuro del Celta, manifiesto mi NO MÁS ROTUNDO A LA VENTA-REGALO DEL ESTADIO.

Si, tras esta negativa, Mouriño vende el Club (desde luego por mucho menos de lo que se ha dicho), tendremos en la mano una brisca para jugarle al nuevo propietario. Se le pueden imponer ciertas condiciones. Sin eso, seremos unas marionetas y harán con nosotros lo que les venga en gana. Lo que nos habremos merecido.

Por Alex de la Rola

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