¿De regalo?



 Es sabido que los protagonistas de la Liga escasas veces visten de un color diferente al blanco o al azulgrana. Si acaso alguna vez de rojiblanco, pero lo normal es que la tendencia cromática siempre apunte en la misma dirección. Para mal o para bien. Así pues, el partido que ayer ganó el Celta, no tiene nada que ver con la descomunal primera parte realizada, sino que es un regalo del Barcelona. 

Rescatamos la portada del Sport porque es la más gráfica, pero casi todos los medios han coincidido en ellos, e incluso pudimos ver una sesuda encuesta online que preguntaba si la victoria del Celta era demérito del Barcelona o mérito del Celta. Les faltó decir si era demérito del Barcelona o suerte del Celta. Se cortaron finalmente. 

Así pues, nada tuvo que ver el planteamiento de Berizzo, ni que los jugadores se dejaran la piel con una presión que maniató al equipo azulgrana y le dejó sin ideas. Fue un regalo porque Iniesta se quedó en el banquillo, pero el año pasado estaba en el campo junto a Messi, también ausente, y el resultado fue aún peor. Tampoco tuvo mérito el pase de Aspas a Sisto, o como este resolvió ante Ter Stegen, ni tampoco el disparo cruzado del moañés, o el deslumbrante pase de Wass que desvía a su portería Mathew. 

Todo es son casualidades. Demérito de los rivales, regalos de un Barcelona que perdió el liderato por sus errores, y no por enfrentarse a un Celta que en la primera mitad jugará a un nivel con el que dificilmente se encontrará el Barcelona esta temporada en ninguna competición. 

Es el sino de los humildes. No solo reciben el vacío mediático cuando las cosas van mal, sino que se amplía a los momentos buenos. Incluso ahí son incapaces de reconocerle su cuota de mérito. Menos mal que Luis Enrique sí que supo reconocer el mérito del Celta al final del partido. 

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