Rossi cambia la historia


EFE

Fue el partido de siempre en Cornellà. Frío, insulso, aburrido, sin fútbol. Lo habitual, vamos. Algo extraño ocurre en la nueva casa espanyolista que no permite que se presencie un buen espectáculo en las visitas celestes. No importa la hora, fecha o jugadores que haya sobre el terreno de juego. El guión es el mismo irremediablemente. 90 minutos de tedio y un añadido agitado.

Iba el partido camino del gol de Sergio García, ese destinado a romper el soporífero y merecido 0-0 de siempre, cuando la pelota encontró a otro delantero ratonero, pero de distinta camiseta. Al espacio de un magnífico pase de Cabral apareció Rossi para cambiar la historia. Le tocaba sonreír al Celta. Lo hará más a menudo si el italiano está sobre el campo. Berizzo lo cuida y sólo descubre su calidad en pequeñas dosis. Suficiente de momento para arañar un punto en Europa y sumar tres en liga. Sólo así se explica que no participe más. Cada paso que da genera peligro, cada pelota que agarra es un quebradero de cabeza para el rival. Si la rodilla lo permite, el Toto cuenta en su plantilla con un superclase que tarde o temprano será indiscutible.

Después llegó Pione para desatar todas sus virtudes en cinco segundos y ampliar el botín. Potencia, conducción en carrera, regate y fuerte disparo. Los highlights de Youtube han llegado a la vida real. Siempre mejor en la izquierda que en la derecha, aunque todavía a ráfagas. Apareció en la primera parte y se diluyó en la segunda. Parece haber adelantado a Bongonda en la jerarquía que dibuja Berizzo en su cabeza. Su próximo reto puede ser mantenerse en el once cuando regrese Orellana y Rossi sea innegociable. Dependerá también del nivel de su compatriota Wass, vulgar hasta el momento. Da la sensación de no estar a tono físicamente. 

Resultado al margen, el Celta no hizo un gran partido. Confirmó su mejoría defensiva de esta temporada. Mejoría en la que seguramente algo tenga que ver Roncaglia, más que correcto en el lateral, tanto arriba como abajo. Pero no solucionó sus problemas ofensivos. Volvió Marcelo Díaz, pero faltaba el Tucu. También Orellana. Puede que el Celta no vuelva a carburar del todo hasta que no tenga al tridente chileno sobre el verde. Y junto a ellos a un Rossi que reduzca la soledad de Aspas. Sin ellos, al Celta le cuesta dar el paso que sigue al dominio de la pelota. La posee, pero no consigue emplearla para dañar al rival. Le sirve para defender, pero no logra atacar con peligro. Pasó ante el Leganés, ante el Sporting y anoche también. El de Moaña, muy sólo, fue el único capaz de romper una línea y merodear por las proximidades de Diego López, aunque sin demasiado éxito. Necesita a Rossi, a Orellana y mejorar su relación con Pione, con el que todavía no termina de entenderse.

De camino a todo ello, el Celta se ha instalado en la tranquilidad y va dejando atrás dudas y fobias. El triunfo de ayer compensa el escaso premio de Pamplona. Resta equilibrar la derrota ante el Leganés y todo estará de nuevo en su sitio. Barça y Villarreal serán las primeras oportunidades, pero antes toca afrontar la segunda cita con Europa ante el Panathinaikos. Un partido que se ve de otra manera con 7 puntos en el casillero y no 0, como en Lieja. Será en Balaídos y el Celta debe buscar la victoria para acomodar su clasificación. Falta comprobar qué planea Berizzo esta vez, si otra revolución o una rotación más lógica y moderada. Sea como fuere, habría que solicitar formalmente que Rossi sea de la partida. Con él, siempre, será más fácil. 

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