El empujón


MIGUEL RIOPA

Fue penalti. Muy claro. A Guidetti. Tan claro como el que había cometido Cabral en área propia un poco antes. Empujón sin paliativos al delantero de Estocolmo que el colegiado no supo ver. Ocurrió en el minuto 80 de partido. Acababa de entrar Iago Aspas, el ejecutor del pase que generó la jugada. Wass ya llevaba unos minutos en el campo. Ahí despertó el Celta, con la entrada del danés y del moañés. Y el penalti al sueco, claro. Hasta entonces poco o más bien nada, a merced de un Panathinaikos mejor plantado y con las ideas más claras. Un empujón permitió la victoria. Un empujón de 10 minutos que instigó Balaídos y que sepultó a los griegos. Un empujón que empezó con el empujón a Guidetti.

Así ganan los grandes. Así ha ganado partidos y partidos el Real Madrid, el gran experto en estas lides. Sin necesidad de jugar bien, esquivando la mala fortuna, caminando demasiado tiempo sobre el alambre, y golpeando, golpeando fuerte y conciso a poco del final, con un arreón incontrolable al calor de un público encendido capaz de oler la sangre adversaria. Así fue el Celta y así fue Balaídos. Bastó el clamor por el evidente error arbitral, el empuje de Aspas y la finura en el pase y en el golpeo de Daniel Wass. El primero lo marcó Guidetti, pero pudo ser otro, incluso la propia grada. El estadio se levantó al ver al equipo con vida, después de tontear con la derrota durante toda la tarde, mientras el muro heleno comenzaba a derrumbarse. Es la reacción de quien lo vio perdido y se da cuenta a última hora que puede ganarlo. La respuesta del que soportó la tormenta y ve salir el sol.

Porque realmente estuvo muy negro. El Celta fue incapaz de crear una sola oportunidad de gol en 80 minutos. Además, el rival llegaba con más facilidad de la esperada. Sergio, que también estuvo valiente y acertado en el juego aéreo, su gran déficit, sostuvo al equipo con varias paradas de mérito. Otra vez se vio ese equipo partido debido al 4-2-4 que no termina de funcionar. Berizzo moderó el plan rotatorio, pero no acertó en el esquema. Botó a Señé en una banda y dejó el medio despoblado. En defensa, los vigueses sufrían. Marcelo Díaz no es Augusto en labores de contención y le cuesta sin la pelota. El rival superaba muy fácil la medular celeste y encaraba con peligro una línea defensiva que lo pasaba mal con los dos atacantes griegos. Mientras, en ataque, se sucedieron las escenas de cuatro delanteros en línea, estáticos, a la espera del balón. Rossi no logró interpretar esa labor de mediapunta que seguramente el Toto le encomendó. Y el Celta fue un equipo plano, sin ideas.

Ganó por el empujón, el arreón final. Nada más. El marcador es la mejor noticia del partido. También de las últimas fechas. El Celta está encontrando más resultados que fútbol en las dos últimas semanas. Únicamente en el Bernabeu el equipo mostró una versión similar a la de la pasada temporada. Es cierto que dominó y mereció vencer en El Sadar, pero también debe valorarse el nivel del rival ese día. No es tarea fácil igualar lo de antaño. Quizás, simplemente, no sea posible. Desde luego, mejor mejorar con victorias como ésta o como la de hace cinco días en Cornellà-El Prat. 

El grupo, de momento, está donde quería Berizzo. La prioridad es Balaídos y en Balaídos se ha hecho el trabajo por ahora. Con el punto de Lieja y la victoria de anoche, el Standard queda a un partido de distancia y los griegos a algo más. Ahora llega el Ajax. No perder o ganar uno de los dos duelos postularía al Celta para la siguiente fase. Y es que, del otro doble enfrentamiento entre belgas y helenos saldrá un herido de muerte ó, con suerte, dos. Si el Celta encara los dos últimos compromisos con 6 o 7 puntos, seguramente tenga la oportunidad, bien en casa ante el Standard o bien en su visita a Atenas, de enfrentarse a un equipo prácticamente eliminado en busca del empujón definitivo. 

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