El partido de ayer será recordado durante muchos años por la actuación de Javi Rodríguez, pero también lo será por ser uno de los mayores desplazamientos del celtismo. Y no solo en cantidad sino en calidad. Unos 3.000 celtistas estaban oficialmente en el estadio del Celtic, ocupando una de las esquinas, pero la cifra se queda corta ante la evidencia de que entre el público local había mucha camiseta del Celta. Es complicado cuantificar el número exacto de celtistas en el estadio, pero desde luego se hicieron notar durante todo el encuentro.
Los que no tuvimos la fortuna de estar en Celtic Park pudimos ver a través de la pequeña pantalla un ambiente muy parecido al que se vive habitualmente en Balaídos. Los cánticos que nos son tan familiares sonaron en muchos momentos del encuentro con una nitidez que impresionaba. Es posible que la ubicación de los micrófonos de ambiente ayudase, pero la sensación es que el Celta en ningún momento se sintió como un equipo visitante en el estadio. O al menos no tanto como en otros partidos.
Cuando pasen 40 años se seguirá hablando de aquella noche de octubre en Glasgow. De aquel triunfo con un doble de Javi Rodríguez, y de lo bien que se lo pasaron los que allí estuvieron, y los que lo vimos por la televisión. Y aunque ahora 40 años parece mucho tiempo, basta recordar que esos 24 años que pasaron del último partido en Glasgow han pasado volando, y ese día en el que que Celtic Park se convirtió en Balaídos permanecerá para siempre en nuestra memoria, como si hubiera sido ayer.




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