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| Foto: Xoan C. Gil / La Voz de Galicia |
Pasan los días y el Celta observa con preocupación que no llegan ofertas por ninguno de los jugadores que tiene ahora mismo en el escaparate, fundamentalmente Ilaix Moriba y Williot Swedberg. Aunque desde el club transmiten tranquilidad y señalan que no van a "vender por vender", manifestaciones similares a las del curso pasado, y lógicas también, el nerviosismo debe estar cundiendo y Óscar Méndez en Nós Diario nos advierte de las dramáticas consecuencias que tendría no lograr esa venta de 16 millones antes del 30 de junio.
Según estas informaciones, no vender retrasaría y agravaría el problema, y en todo caso habría que vender este verano, aunque ya compute para el próximo ejercicio. Después de filtrar a la prensa amiga que el verano del gasto loco será el próximo, y que este será un mercado marcado por la austeridad, nos van preparando para otro verano austero. En realidad estamos así desde hace varios veranos, pero todo va bien.
Por supuesto se culpabiliza a Luís Campos de la mayoría de problemas del Celta, pero la realidad es que si tienes unos ingresos ordinarios de entre 70 y 75 millones de euros, no es buena idea proyectar un presupuesto de 110 millones de euros. La única solución para no generar pérdidas es cubrir la parte que va de los ingresos ordinarios a los gastos con traspasos, y eso es jugar a la lotería, porque no siempre se pueden dar estos traspasos, y sobre todo obliga a vender pronto, y generalmente mal, para cubrir pérdidas, sin que esos fichajes permitan una reinversión. Es vender para tapar agujeros. Pero todo va bien.
Esta es una situación difícil de sostener, y urge que el club reduzca los gastos, no los de la parcela deportiva, sino otros gastos superfluos que se puedan dar. Si es imposible, por culpa de Luís Campos, hacer un equipo competitivo, tal vez ha llegado el momento de recortar gastos en el club hasta que sea posible acometerlos. Y que no sean de la parte deportiva, insistimos. Sería genial iniciar una estrategia tendente a aumentar los gastos ordinarios. Una que funcione mientras no llega ese maná que será la nueva ciudad deportiva, y que ya iba a ser A Sede. O eso nos dijeron en su momento.
Vender todos los veranos a la desesperada no solo hace que vendas mal y te hayas ganado una fama de equipo vendedor a precios populares, sino que impide reinvertir esos ingresos, y por lo tanto es comenzar de cero casi cada temporada con la esperanza de que alguno de los jugadores de la plantilla se revalorice lo suficiente como para ser la gran venta del siguiente verano. Y el ciclo vuelve a comenzar. Pero recordad que todo va bien. Mientras la pelotita vaya entrando todo va bien. Ojalá entre aún más, por cierto.




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