Cuando el fútbol premia al fútbol


Foto: Marta G. Brea / Faro de Vigo

El fútbol, tantas veces injusto con el Celta, premió ayer al Celta Fortuna con una victoria basada en un juego sólido, atractivo para el espectador y que por una vez sirvió para ganar y lograr un hito histórico como el ascenso a Segunda División por primera vez para el filial celeste. 

El resultado no debe engañar. No fue sencillo en absoluto. Desde el primer minuto ambos equipos pusieron las cartas sobre la mesa. El Fortuna apostando por su juego habitual y la Ponferradina pensando más en destruir que en construir, tal vez porque esa era la única arma que le podía dar la victoria. Al más puro estilo del Getafe y equipos similares, el equipo berciano jugó al límite del reglamente o sobrepasándolo en muchas ocasiones, con la permisividad de un joven colegiado que creyó que lo más conveniente para que no se le fuese el partido de las manos optó por la mirada esquiva y el sigan sigan. 

Ante la actitud del colegiado, la violencia de la Ponferradina fue en aumento hasta llegar a un límite difícil de defender, incluso para los amantes del otro fútbol, que se saldó con un expulsado aunque pudieron haber sido varios. El Celta tuvo la fortuna de adelantarse en el marcador con un golazo de Hugo González tras un genial pase de Andrés Antañón, y aunque la Ponferradina empató antes del descanso, el juego de ambos equipos estaba tan distante que era cuestión de tiempo que llegase el segundo. 

Y llegó mediada la segunda mitad tras un penalti provocado por Álvaro Marín que transformó Hugo González, aumentando sus excelentes números que le convertirán en jugador del primer equipo la próxima temporada. A partir de ahí la Ponferradina se dio cuenta que era necesario jugar al fútbol para ganar el partido y el mundo se le vino encima. El Fortuna supo jugar con su ansiedad, como si no fuese un filial, y la entrada de Ángel Arcos acabó por desquiciar a la zaga visitante. El gol de Somuah, a pocos minutos para el final del encuentro, ponía más tierra de por medio y acabó por liquidar a los leoneses. El 4-1 de Capde fue una mera anécdota para llevar el delirio a un Balaídos entregado con la causa, que disfrutó con la fiesta del ascenso y que seguirá disfrutando el año pasado de un filial que enamora. Incluso al fútbol.  

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