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| Foto: José Manuel Álvarez Rey / Getty Images |
El Celta certificó anoche su pase a los octavos de final de la Europa League con protagonismo de Williot Swedberg, que volvió a encontrar el camino del gol ante un PAOK para quien se ha convertido en su bestia negra a lo largo de la competición. Comentaba el futbolista sueco al final del encuentro que tiene un amigo en Suecia que es seguidor del PAOK, y no debe de estar muy contento con el rendimiento del joven atacante.
Swedberg es el máximo anotar del Celta en la Europa League esta campaña, con 4 dianas, de las cuales 3 han sido frente a los griegos. En el partido de Fase Liga anotó el 3-1, que dejaba el partido visto para sentencia con un tanto que inicialmente fue anulado por fuera de juego, pero tras la posterior revisión acabó subiendo al marcador. Hace una semana, en el partido de ida, volvió a anotar aprovechando un gran pase de Iago Aspas para poner el 0-2, y anoche sentenció la eliminatoria con el único tanto del encuentro, que ponía mucha tierra de por medio entre ambos equipos.
El gol fue marca de la casa. Swedberg es un futbolista diferente, indetectable en muchas ocasiones para las zagas rivales, y con recursos técnicos que le convierten en un jugador muy difícil de defender o con capacidad para dejar sin respuesta a los guardametas rivales. Como ejemplo este tanto, en el que recibe el balón tras una gran dejada de Borja Iglesias, y con un toque sutil armando muy rápido la pierna llevó el balón al fondo de las mallas con un pase a la red. Un gol simple, sin demasiados alardes, pero de una dificultad técnica notable, mostrando además gran inteligencia. Ese remate era la manera más efectiva de marcar, y no lo dudó.
Con la salida de Bryan Zaragoza su protagonismo se ha incrementado de forma notable en el perfil izquierdo del ataque celeste. Es un jugador de características totalmente diferentes al malagueño, con recursos y formas de atacar muy diferentes. Indiscutiblemente tiene gol y se entiende a la perfección con Iago Aspas. Sin entrar en comparaciones, el juego de Bryan Zaragoza es más previsible, aunque esto no signifique que sea fácil de defender, pero en el caso de Swedberg siempre depende de su inspiración. Si tiene el día es muy difícil de parar, con regates indescifrables que a veces da la sensación de que ni el propio Swedberg ha planeado. Su apariencia débil y frágil contrasta con lo que ofrece en el terreno de juego, y seguro que los griegos, después de sufrirlo tres veces, ya son conscientes del nivel del sueco.




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