El día que el celtismo se reconcilió con el Tucu


Foto: Juan Herrero
Hubo un momento crucial en la relación de la afición del Celta con Pablo Hernández. Después de empezar la temporada entre silbidos, recordemos aquel choque ante Las Palmas en Balaídos en el que fue silbado por su propia afición, el rendimiento del futbolista argentino mejoró de forma exponencial con el paso de los partidos, y ganándose, poco a poco, el perdón de la masa social. 

En ese proceso de reconciliación con su afición, pesó mucho el partido que disputó el Celta en Anoeta  a finales de Anoeta de 2015. El Celta perdía 2-1 ante una Real Sociedad que le tenía tomada la medida en San Sebastián, pero un gol de Aspas, tras un centro de Wass, puso el empate en el marcador. Sufrieron los de Berizzo, que con empate a dos goles aguantó el arreón de la Real Sociedad, y encaraba los últimos minutos buscando la portería de la Real Sociedad. 

Casi en tiempo de descuento, Nolito cogió un balón, avanzó por la banda izquierda, intentó internarse en el área, no pudo y levantó la cabeza viendo al Tucu, que avanzaba por el carril interior hacia la portería de la Real Sociedad. El internacional chileno recibió el balón, a unos 30 metros de la meta. Venía botando como una liebre, lo que aprovechó para darle un leve a modo de control, el balón botó a la altura ideal para enganchar un zambombazo ante el que nada pudo hacer el guardameta de la Real Sociedad. 

El Celta celebraba con los aficionados que viajaron a Euskadi, ubicados en el fondo detrás de aquella portería, una victoria que le permitía seguir en los puestos altos de la tabla, más de dos meses después del comienzo de la Liga. Y de paso, el idilio de la afición con Pablo Hernández vivía uno de los sus momentos iniciáticos. Poco más de un año después, los mismos aficionados lo votaron en segunda posición para el Trofeo Manuel de Castro que ganó Iago Aspas.

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