¿Te acuerdas de... Claude Makelele?


Mediocentro caracterizado por su gran aguante y resistencia. Bien musculado, su físico le permite correr los 90 minutos. Posee una más que aceptable capacidad técnica, buena conducción y juego con sentido del balón. Incesable en su trabajo hasta el pitido final. Inagotable, capaz de secar a su par, y a la vez, conservar fuerzas para construír.

Al poco de firmar por el Celta, tras empatar a dos goles en el Camp Nou, Sergi Barjuán, espetó a Míchel Salgado. “¿De dónde habéis sacado a ese negro? Parece que tiene una hélice en el culo”. El zaguero del Dream Team se refería, claro está, al incombustible Claude Makelele, un perfecto desconocido entonces en España, pero que ya apuntaba en aquel lejano partido frente al Barça alguna de las cualidades que acabaron por convertirle en uno de los mejores medios defensivos de la última década.

Nacido en la República Democrática del Congo se desplazó con apenas cuatro años a París, donde su padre, también futbolista, se había exiliado. El padre de Claude había alcanzado la internacionalidad con la República del Congo y jugó durante algún tiempo en el campeonato belga. Makelele dio sus primeros pasos futbolísticos en la banlieue parisina. A los 16 años ingresó en una escuela de fútbol en Brest (Bretaña), donde fue reclutado por el Nantes, que le dio la alternativa en el fútbol profesional. Estuvo cinco temporadas en el conjunto del Loira, con el que conquistó, en 1995, la Liga francesa y que le abrió las puertas de la selección gala, con la que llegaría a tener 71 apariciones.

En 1997 debutó con la selección francesa y pasó al Olympique de Marsella dónde tan sólo estaría una temporada en la que no pudo triunfar debido a la presión a la que era sometido por parte de la hinchada y la prensa marsellesa. El Celta era su siguiente destino.

Desembarcó en Vigo en la florida campaña 1998-99 por expresa recomendación de Félix Carnero en los dorados tiempos en los que el Celta acertaba con sus fichajes. Su traspaso se concretó con el Olympique de Marsella en 400 millones de las antiguas pesetas, una ganga, como enseguida se confirmó. Su adaptación a Vigo y al Celta fue perfecta y su entendimiento con Mazinho, compañero en el mediocentro, fue inmejorable. Makelele siempre dijo sentirse muy a gusto al lado del campeón del mundo y gozaba con el fútbol ofensivo que practicaba aquel Celta de Victor Fernández con los Mostovoi, Karpin, Penev etc.

Su paso por el equipo de Balaídos fue fugaz, aunque inolvidable. En su primer año, con Mazinho, a lado, formó de las mejores parejas de centrocampistas que se recuerdan en la Liga española. Tras la prematura retirada del campeón brasileño, sostuvo durante otra temporada en solitario el medio campo del Celta. Hasta que los grandes equipos españoles pusieron su ojo en él. Tras dos temporadas en Vigo, se lo disputaban fieramente el Valencia y el Real Madrid.

Le restaba un año de contrato en Vigo y el Celta quería retenerlo pero el jugador hizo finalmente valer el compromiso alcanzado con Horacio Gómez de venderlo si aparecía un gran equipo. La venta al Real Madrid se concretó en dos mil millones de las antiguas pesetas, uno de los negocios más rentables de la historia del club.

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