Las decisiones de Bongonda


Foto: Reuters
Decía el siempre genial Armando Álvarez al final del partido con respecto a Bongonda: “Me desespera en la última decisión, pero luego recuerdo que a su edad la mayoría falla en la primera”. El periodista de Faro de Vigo volvió a dar en el clavo con un Théo Bongonda, que ayer ejemplificó a la perfección los defectos y las virtudes que adornan su juego. 

Y es que el belga, que aspira a alcanzar la internacionalidad absoluta con la selección de su país, tuvo ayer una buena oportunidad de demostrarle al seleccionador que puede ser merecedor de ello, y no estoy muy seguro de que lo haya conseguido. A la historia pasarán las dos ocasiones de gol que falló. Dos acciones en las que no estuvo acertado, obcecado con la portería, en lugar de observar la soledad de un compañero en disposición de empujar el balón al fondo de las mallas si Bongonda hubiese levantado la cabeza. 

Pero no es menos cierto que supo estar colocado en ambas acciones. Es un futbolista que explota su velocidad, y que lleva al límite aquello de robar y correr. Es un jugador al que le gusta el vértigo. Tiene fantasía en sus botas, pero casi siempre falla en la toma de decisión final. Defectos, como bien dice Armando Álvarez, comunes a futbolistas de su edad. Bongonda no había nacido cuando el Celta jugó aquella final de la Copa del Rey en Madrid. Su juventud es casi insultante. Tiene tiempo para mejorar, pero es cierto que está viviendo una temporada bastante frustrante. 

Y lo es sobre todo para el jugador, que se preparó durante el verano a conciencia para suplir la ausencia de Nolito. Contrató a un entrenador personal para presentarse en Vigo con los deberes hechos ante Berizzo. El preparador argentino lo premió con una titularidad que fue indiscutible hasta el pasado domingo en Las Palmas. El problema es que es necesario algo más que eso para mantenerse en el once inicial. 

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