En obras


EFE

Cemento, ladrillo y cables colgando. Así lucía Balaídos para dar la bienvenida a la temporada más ilusionante en Vigo de la última década. Un estadio a medio reformar que recibió a un equipo en obras. Defraudó el Celta en su primera comparecencia pública del curso. Muchos incluso señalan que fue la peor actuación de la era Berizzo en casa. No van muy desencaminados. Espeso durante el primer tiempo y espantoso después. Un caos absoluto auspiciado por una manera de entender el fútbol que no admite medias tintas. 

Pep Guardiola hubiese sufrido mucho anoche de haber nacido celtista. Berizzo y él comparten la idea de que al fútbol se gana a partir de la portería contraria, pero difieren en la forma de alcanzarla. El catalán no concibe un mundo sin centrocampistas. Ha llegado a insinuar que le gustaría jugar con once. Algún día, Berizzo terminará por no alinear ninguno. Ayer finalizó el partido con Tucu, Orellana y Señé después de que a Wass y a Marcelo Díaz se les acabase la gasolina. Para el argentino, la medular ha sido un área de paso desde el primer día. Más o menos acentuada según sus ocupantes, pero siempre un lugar donde el balón no debía estar demasiado tiempo. Ante el Leganés se adivinó esa predisposición desde el principio con el 4-2-4 inicial. Es un sistema con sus virtudes y defectos. Introduce vértigo en fase ofensiva y multiplica los efectivos celestes en área rival. Si Orellana y Aspas encuentran espacios, es una ganga. Sin embargo, también favorece el desorden y ayuda a partir al equipo. 

Ha quedado demostrado que el Celta se encuentra más cómodo en un 4-2-3-1 o en su variante del 4-3-3. Ahí la figura del Tucu es fundamental, como lo fue en su día la de Krohn-Dehli. Es ese futbolista que compensa el repliegue y le da calma a la pelota. El que reduce el riesgo de una contra en igualdad numérica y el que introduce esa pausa necesaria para que el balón alcance a los hombres de arriba en buena situación. Anoche el Tucu, sin una pretemporada completa, fue suplente. Berizzo radicalizó su propuesta y salió cruz, pues el Leganés entendió bien cómo dañar la estructura. Guerrero y Pires se pusieron las botas a la espalda de un desafortunado Marcelo Díaz. La solución más lógica la desechó el argentino al mediodía, cuando dejó a Pape fuera de la convocatoria. Y en el segundo tiempo, ya con el de Tucumán en el campo, la alternativa fue acumular delanteros. El resultado fue el caos.

Una imagen caótica que hemos visto muchas veces y que en ocasiones salvaba Nolito. Anoche el celtismo también empezó a echar de menos al gaditano. Aspas y Orellana no tuvieron el día y van a necesitar de un tercer camarada para completar el ataque. A falta del anhelado mediapunta de Berizzo, Bongonda y Pione Sisto opositan al tridente. Ninguno estuvo brillante. Algo mejor el primero que el segundo, todavía adaptándose. Igual que Roncaglia, quien recordó al Cabral de su primera temporada. Buenas condiciones, pero exceso de ímpetu y ganas de hacer más de lo que probablemente sabe y debe. Mejorará con el tiempo, especialmente cuando adquiera los peculiares mecanismos defensivos de este Celta. 

Dice Aspas que queda mucho para ser el equipo de la temporada pasada. Sólo se ha ido Nolito, pero el vacío que deja es grande y el reto que se avecina mayúsculo. Una derrota como ésta será insignificante o no en función de la reacción posterior. Real Madrid y Atlético esperan tras el varapalo. El tremendismo celeste ya pronostica el farolillo rojo para la cuarta semana y dificultades para alcanzar la permanencia en mayo. Lo cierto es que, pese a la posibilidad no descabellada de que eso ocurra, hay ejemplos pretéritos que permiten dudar de esa predicción. La pasada temporada, otro recién ascendido como Las Palmas rascó un 3-3 con un jugador menos desde el arranque. También se venían turbulencias. Después llegaría una victoria brillante en el Sánchez Pizjuán y el inolvidable 4-1 al Barcelona. Fútbol es fútbol, que diría Boskov.

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