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Foto: Marta Grande |
Cuando Luis Enrique llegó a Vigo, alguna voz se alzó advirtiendo sobre el carácter inmóvil del técnico asturiano en ciertos aspectos. Se referían a la cabezonería sobre ciertas decisiones que tomaba y a la capacidad que tenía de morir con ellas aunque fuese en claro perjuicio de los equipos que entrenaba. Esto, a priori era, más que una virtud, un defecto.
Llegaba a Vigo con una idea clara de juego y lo plasmó desde el principio. Quería la posesión, un equipo tocón, con laterales muy largos, a imagen y semejanza de lo que había sido él cuando fue reconvertido a esa posición. Quería que el equipo saliese con el balón jugado desde atrás y decidió incrustar a Oubiña en los centrales para que el capitán sacase el balón. Aceptó a Hugo Mallo por la derecha, porque el de Marín es un lateral superlativo, incluso aunque no tenga el recorrido que le gusta, y transformó a Toni en ese lateral con muchísima presencia en el área rival que tanto ansiaba.
En la práctica, el Celta era un equipo previsible, y que terminó siendo muy fácil de defender para los rivales, a los que les bastaba con ceder espacio en la banda izquierda para que Toni pusiese cuarenta centros inservibles al área. La idea de que Oubiña sacase el balón desde atrás la desechó en el partido ante el Levante, y el Celta mejoró notablemente, y poco a poco fue probando alternativas a Toni, pero Aurtenetxe no le acababa de convencer. Defendía mejor que el coruñés pero no era la panacea, y en ataque tampoco aportaba mucho. Pero entonces apareció Jonny y todo cambió.
Poco a poco el equipo fue cambiando, y Luis Enrique decidió dar una nueva vuelta de tuerca intercambiando las posiciones de Rafinha, que estaba fuera del equipo, y Augusto. Retrasó al argentino al interior, y colocó al hijo de Mazinho en banda. Y de repente todo empezó a encajar. Faltaba una pieza, y esa era la de Orellana, un futbolista al que el propio Luis Enrique descartó en septiembre y que se fue ganando una oportunidad en el once titular hasta desbancar del mismo a Nolito, petición expresa del asturiano y uno de sus "protegidos" dentro del equipo.
Aún hay cosas que mejorar, en muchos aspectos. La victoria ante el Betis, un equipo de otra categoría a día de hoy, no debe ocultar la realidad de un equipo todavía con muchas carencias, pero es evidente que la dinámica ha cambiado y que el equipo es ahora mucho más lógico que a principios de temporada. Luis Enrique ha sabido rectificar sobre la marcha, no le ha dolido tomar decisiones, incluso aunque estas supusiesen la admisión de sus errores.
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