Vergüenza


Foto: Mundo Deportivo
Era difícil. Lo intentamos pero sabíamos que sería muy complicado controlar a ese grupúsculo residual de personajes que viven en torno al fútbol, que  presumen de odiar a todo el que no piensa o no es como ellos. Durante esta semana, desde los medios digitales que siguen al Celta y al Deportivo hicimos un llamamiento para pedir un derbi sin violencia. Hubiera estado bien que los medios tradicionales se hubiesen hecho eco pero me imagino que estarían muy ocupados buscando peñistas para hacer reportajes. Tan solo La Voz de Galicia hizo una breve reseña al comunicado. Fue una pena porque hubiese llegado a más gente, aunque mucho me temo que sería imposible razonar con quién no entiende que la razón es el mayor tesoro de una persona. 

Hoy he sentido vergüenza de mi gente. Es duro reconocerlo y seguramente no sea algo muy habitual. Lo más fácil es mirar para otro lado, hacer la vista gorda y decir que aquí no ha pasado nada. No será en moiceleste donde hagamos eso. Los medios a nivel gallego ocultaron y minimizaron lo que pasó en A Coruña, pero no se han cortado con los incidentes de Vigo, aunque fuesen menores. Ellos sabrán porque lo hacen y a quien se deben. Y sí, lo quiero remarcar, lo que se vivió en Vigo hoy no fue tan grave como lo vivido en A Coruña en la primera vuelta, pero eso no justifica absolutamente nada. 

En las inmediaciones de Balaídos se vivieron escenas lamentables, con energúmenos lanzando cascos de botellas al autobús del equipo rival y con la clara intención de atacar contra todo lo que no fuese celeste. Por suerte, el dispositivo policial fue mejor que el de Riazor. O mejor dicho, hubo dispositivo policial. En A Coruña grababan con cámaras, aquí lanzaban pelotas de goma. Entendemos que en la ciudad herculina son más 2.0. Aquí no corrió peligro ningún aficionado, allí sí. Son atenuantes que nos pueden molestar más o menos, pero todo eso es accesorio. Lo que me preocupa, lo que me da vergüenza es que alguien que dice ser celtista se comporte de manera tan brutal. 

¿Es necesario todo esto? ¿De verdad había la necesidad de lanzar cascos de botellas contra nada o nadie? ¿Es eso lo que queremos perpetuar? ¿Son estas las escenas a las que se tienen que acostumbrar nuestros hijos para acabar siendo como los cobardes que lanzan piedras? ¿Nos hemos quedado agusto por haberles devuelto la moneda? ¿Somos más hombres hoy que ayer?. Por mi parte desisto. No volveré a pedir calma a nadie, que cada uno haga lo que quiere, y que lo que haga recaiga sobre su conciencia. Si es que la tiene.

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