Fer López necesitó muy poco tiempo para disipar cualquier atisbo de duda sobre su regreso. El canterano volvió al Celta como si nunca se hubiera marchado: integrado desde el primer instante, natural, y dando continuidad a todo lo bueno que ya había mostrado la pasada temporada. Su actuación dejó sin argumentos tanto a quienes intentaron justificar su venta minimizando su rendimiento como a los que ahora cuestionaban su fichaje.
Estamos ante un futbolista diferencial, con unas condiciones y un talento extraordinarios para convertirse en un jugador de primer nivel. Su aportación va a ser clave en lo que resta de temporada. Y para empezar, ya dejó una acción para la memoria colectiva: un gol de esos que se recuerdan durante años, tras recibir el balón en el pico del área y golpearlo con el exterior para dibujar una rosca perfecta, imposible de detectar para un guardameta completamente superado.
Pero su tanto, suficiente por sí solo para subrayar su actuación, fue solo una parte de su impacto en el partido. Desde que pisó el césped, Fer López dio coherencia y fluidez al ataque, mejoró cada posesión y eligió casi siempre la mejor opción, una de sus grandes virtudes. Con él, el Celta fue mejor. Ojalá podamos disfrutarlo durante mucho tiempo, porque Fer López no es un jugador más: es un auténtico Fernómeno.




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