Un poema al rescate


EFE

Y en plena prosa holandesa, surgió el más bello verso chileno. El de Orellana, el de El Histórico, el de El Poeta. Añorado durante su mes de ausencia, volvió en Villarreal, pero reapareció anoche en Balaídos. Regresó sólo media hora a casa, y 30 minutos le bastaron para que el respetable corease su nombre al inicio, pero sobre todo al final. Por el medio, una obra de arte con sello propio que salvó al Celta de un destino tan feo como el comportamiento de los seguidores más radicales del Ajax. Pagaron 40 euros en una grada que no es grada y que convirtieron en espacio de sus fechorías. Afortunados al menos fueron por presenciar de cerca la maravilla del genio sudamericano.

Orellana empezó en el banquillo, al igual que titulares habituales como Wass, Jonny o Sergio. Incluso Rossi, habitual en Europa. Mientras otros como Aspas, Cabral, Marcelo Díaz, Hugo Mallo o Bongonda, estrenaban cubierta en Tribuna. Sin todo eso se plantó Berizzo de inicio, repitiendo el plan de jornadas atrás que había arrojado más resultados que juego. Amparado en eso, y en la proximidad del derbi, pretendió hacer frente a un Ajax alejado de sus cuatro Copas de Europa, pero también del nivel de Standard o Panathinaikos. Fue la tercera sesión de malabarismo técnico buscando sacar el mayor rédito continental, pero priorizando absolutamente la liga.

Y, por lo menos de primeras, no salió del todo mal. El Celta firmó sus mejores 45 minutos en Europa desde hace diez años. Sin hacer nada del otro mundo, consiguió dominar a un Ajax que, eso sí, mostraba argumentos intimatorios para salir al contraataque. Así llegó el 0-1, nacido en una duda de Roncaglia, pero que no desanimó al Celta, que sujetado por Radoja y el Tucu, consiguió arrinconar a los holandeses y firmar el 1-1 en una afortunada virguería de Fontás.

El cuento cambiaría en la reanudación. El Ajax se apoderó poco a poco de la medular a medida que Radoja y el Tucu vacíaban sus pulmones. Se jugaba en campo celeste y los vigueses no conseguían asustar. Sería otra vez en un contraataque, de nuevo en una duda de Roncaglia, donde se gestaría el 1-2 que parecía definitivo. Parecía, porque lo merecían los neerlandeses, y porque finalmente no se terminaría de producir. De eso se encargaría Orellana con una rosca infinita lanzada desde su casa. Un gol que salvó al Celta de su primera derrota europea del curso. Un poema al rescate.

Vistas convocatorias, alineaciones y desarrollo de los tres partidos, es digno de celebración que los celestes acumulen 5 puntos y gocen de una cómoda posición en el grupo. No se ha merecido tanto botín. El ahorro europeo para el consumo doméstico ha significado jugar tres veces con fuego, aunque librando las llamas siempre. El Celta no semeja inferior a nadie con sus primeras espadas. Otro asunto es con las necesarias rotaciones. De momento, el plan le sale a Berizzo. Y teniendo en cuenta la situación del grupo, puede que todo quede resumido a la visita del Standard a Balaídos. Entonces probablemente haya que jugar más cartas, pues esa victoria lo encarrila todo. Aunque por si las moscas, mejor también puntuar en Amsterdam o en Atenas. O en ambos lados. Ya se verá. Turno ahora de pensar en lo que se viene encima el domingo, que no es poco.




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