Iago Aspas rompe el maleficio


Foto: LFP
Comentábamos ayer que Iago Aspas había completado su proceso de maduración. El moañés es un jugador cada vez más hecho, más tranquilo y sereno sobre el terreno de juego, y sobre todo más eficaz. Con los años ha mejorado una barbaridad, y eso se nota en su juego y en lo positivo que transmite al equipo. Esta mañana ha sido otro ejemplo de ello. 

Le costó zafarse en un duelo con Albentosa marcado por la superioridad física del deportivista, que además marcó el tanto de los deportivistas, pero esto no minó la moral de Aspas, que siguió trabajando y buscando los espacios. Su ocasión llegó al cuarto de hora de la segunda mitad con un claro penalti de Sidnei que transformó con tranquilidad pero ajustando el balón demasiado al palo para el gusto de los corazones de la hinchada. 

El gol lo liberó. Lo reconocía Berizzo al término del partido: “Iago Aspas ha tomado más responsabilidad de la que  le corresponde”, refiriéndose a esa irrefrenable pasión que pone en los derbis. Lo vive como nadie, y lo sufre como pocos cuando no salen las cosas. Por eso el tanto fue una liberación. Desde ese momento, Aspas comenzó a jugar por el simple gusto de pasarlo bien, de divertirse, como hace en cualquier partido. Esa soltura que le lleva a marcar golazos ante el Barcelona u otros rivales, y que le sirvió para anotar el 4-1, imponiéndose con tranquilidad a Lux en el duelo. 

Ese Aspas que ha llevado al Celta hasta donde está actualmente, que lo sacó de Segunda División, y que evitó un sufrimiento innecesario en aquella temporada en la que el Alavés a punto estuvo de situar al Celta al borde del abismo de la Segunda B, con quien sabe que trágicas consecuencias. Ese niño que jugaba al fútbol en las playas de Moaña, mientras soñaba con emular a su hermano Jonathan. Hoy ya es leyenda del Celta. No cabe la menor discusión. 

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