(EFE) Apenas tres días después de ser goleado por el Friburgo en la Liga
Europa, el Celta encajó otra dura derrota ante el Real Oviedo (0-3),
que alimenta su sueño de permanencia en la máxima categoría con su
segunda victoria consecutiva, la tercera en las últimas cuatro jornadas.
El
equipo dirigido por el uruguayo Guillermo Almada se cargó de moral para
el tramo decisivo del curso con un partido muy serio a nivel defensivo.
El Celta solo le generó peligro en una doble oportunidad de Andrés
Antañón y Fer López que obligó a Aarón Escandell a lucirse para evitar
el empate antes del cuarto de hora de juego. Y en ataque le bastó con
aprovechar los regalos del rival para dejar resuelto el choque a falta
de media hora para el final.
Claudio Giráldez dijo en la víspera
que este partido era importantísimo, que el primer paso para remontar la
eliminatoria al Friburgo se tenía que dar recuperando sensaciones y
venciendo al Oviedo. El tropiezo del Betis frente a Osasuna (1-1) era
otro aliciente porque un triunfo permitía a los suyos asaltar la quinta
plaza.
Pero su equipo, con muchas rotaciones en el once, entró
aturdido al partido y se marchó cabizbajo al intermedio porque el rival
le golpeó en dos ocasiones, nada más arrancar el duelo y en el último
suspiro del primer tiempo.
El Celta tuvo mucha más posesión que
su rival, pero le faltó claridad en la construcción y profundidad en
ataque. Ni tan siquiera el tempranero tanto de Alberto Reina, después de
un error de Javi Rueda y un posterior mal despeje de Carreira, hizo
reaccionar a los celestes.
La revolución de Giráldez fracasó. Dio
los primeros 45 minutos al uruguayo Matías Vecino para prepararlo
físicamente para la batalla del juego. El exfutbolista del Lazio fue
demasiado intermitente, como el resto del equipo. Pese a ello, el Celta
pudo empatar en el minuto 14 pero lo evitó Aarón Escandell con una doble
parada a los disparos de Antañón y Fer López.
Los minutos
pasaban y el Celta no generaba peligro. El Oviedo estaba cómodo. Su plan
de partido estaba saliendo a la perfección. Y al filo del descanso,
Fede Viñas dejó en evidencia al central ghanés Joseph Aidoo antes de
superar a Radu.
El desastre celeste urgía una reacción. Giráldez
metió en el campo a Moriba y Aspas, pero su equipo continuó apagado.
Radu evitó, con una gran mano, el 0-3 de Javi López, en otra acción a
balón parado mal defendida por el Celta.
Sin el sueco Carl
Starfelt, su equipo se ha descosido en defensa. Su vuelta es
imprescindible para soñar con la remontada el próximo jueves. Porque
poco después, otro desajuste defensivo lo explotó Fede Viñas para matar
el partido. Giráldez quemó sus cartas con la entrada de Mingueza, Borja
Iglesias y Jutglà, pero ni así. El Oviedo apenas sufrió -solo Jutglà en
el 83 inquietó con un cabezazo que desvió Aarón-. Los celestes
necesitarían hacer mucho más para creer en una épica remontada ante el
Friburgo.